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K-rolissa

Poeta reconocido en el portal
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Cabían trinos en sus manos

evadiendo lo imposible

recorrieron como de memoria

todas las lágrimas

que un día anejé en mi sonrisa.


Nunca supe acelerar el paso

o dejarme caer por la pendiente

donde crecía su voz a gritos

y al fin poder reconocerle.


Tantos años huérfana de tacto

aprendí a lamer amor del filo de navajas

aún si tenía los ojos hirviendo.


El azar tiró los dados:

¡Arquitectos de catedrales rotas!


Si tan solo las palabras nos sobraran...




 
Última edición:
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Cabían trinos en sus manos

evadiendo lo imposible

recorrieron como de memoria

todas las lágrimas

que un día anejé en mi sonrisa.


Nunca supe acelerar el paso

o dejarme caer por la pendiente

donde crecía su voz a gritos

y al fin poder reconocerle.


Tantos años huérfana de tacto

aprendí a lamer amor del filo de navajas

aún si tenía los ojos hirviendo.


El azar tiró los dados:

¡Arquitectos de catedrales rotas!


Si tan solo las palabras nos sobraran...





Un gusto leer tu singular poema y su expresion bella. Mi saludo cordial.
 
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Cabían trinos en sus manos

evadiendo lo imposible

recorrieron como de memoria

todas las lágrimas

que un día anejé en mi sonrisa.


Nunca supe acelerar el paso

o dejarme caer por la pendiente

donde crecía su voz a gritos

y al fin poder reconocerle.


Tantos años huérfana de tacto

aprendí a lamer amor del filo de navajas

aún si tenía los ojos hirviendo.


El azar tiró los dados:

¡Arquitectos de catedrales rotas!


Si tan solo las palabras nos sobraran...




Sentí que estabas en un lugar que te dolía. Y que el destino te mostró uno lleno de amor real. A ese lugar que no podías aún llegar. Tal vez no es así... pero me llevó a pensar en esto tu poema. Un gran abrazo.
 
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Cabían trinos en sus manos

evadiendo lo imposible

recorrieron como de memoria

todas las lágrimas

que un día anejé en mi sonrisa.


Nunca supe acelerar el paso

o dejarme caer por la pendiente

donde crecía su voz a gritos

y al fin poder reconocerle.


Tantos años huérfana de tacto

aprendí a lamer amor del filo de navajas

aún si tenía los ojos hirviendo.


El azar tiró los dados:

¡Arquitectos de catedrales rotas!


Si tan solo las palabras nos sobraran...




Una profunda melancolía, me da gusto leerte de nuevo Karol

Saludos para ti
 
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