lesmo
Poeta veterano en el portal
La infancia duradera
De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.
El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobre todo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.
Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.
Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.
El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobre todo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.
Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.
Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
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