Amor, que cosas dices cuando salen
tus musas ataviadas, bien vestidas.
Solemnes, elegantes, distinguidas.
Con aires de saber lo que ellas valen.
Aguardo a que con suave trazo escalen
por barricadas torpemente erguidas
con una invitación a que resbalen
por sus laderas dulces y suicidas.
Tanto dependo de sus avatares
que no me importa ser lo que haya sido
con tal de renacer en sus altares.
Soy de tus casos, caso más perdido.
Nunca tomes en serio a mis pesares
que suman cuentas e ímpetu dormido.
Última edición: