Vaya: después de esta metáfora surrealista que ha sido el "apagón" de MP -saber que hay un maravilloso mundo detrás de la pantalla rebelde al que unos duendes malignos nos negaban el acceso- se hace de nuevo la luz. Algún dios compasivo y desconocido ha dicho "fiat lumen". Y todo vuelve a la normalidad. Gracias.
BANQUETE NUPCIAL
Las corbatas escocesas son un dije en la eternidad
José Lezama Lima
Era el comedor de apetitos venecianos
lustrado por los reflejos de las lámparas
infinitamente multiplicadas
en los espejos con vocación de milagro
las canciones y las aves se eclipsaban blandamente
sobre tapices tejidos por unicornios cautivos
Felices éramos en aquellos días de encontrados aspavientos
Reconocidos fragmentos de elocuencia
añadían sus iluminaciones pretéritas
a los naturales lustres de las frutas pelirrojas
las pupilas iluminadas eran los fondos de espejo
que asombrados reflejaban las músicas bergamascas
y se entrecerraban con noctívagas reminiscencias de los sueños
De nada servían los trémolos y las quietudes de estatua
que anunciaban la llegada de los novios
Eran ya licor de esencias de holandas
las vertidas en los claustros represores
y eran añosas holandas escapadas de los cuadros de Vermeer
las que separaban la noche de su futuro
Pero nosotros no alcanzábamos a comprender sus jeroglíficos
Los centros de las esferas tiemblan bajo los vientos australes
dispersando las letras que iluminan los textos agridulces de los salmos
enormes los facistoles giran levemente
empujados por poetas circasianos
mientras los monjes arrobados por el piar de los mirlos
entran en sus éxtasis privilegiados
Los innumerables jardines
inaccesibles a la iluminación melodramática
cambiaron los cipreses por ese enramado de hiedras
tan proclive al enervamiento de los amantes
el vacío inevitable se adueñó de las plácidas estatuas
que pronto devinieron en cenizas.
Pero a nosotros refugiados en eternal ámbito solo nos preocupaba la estrella polar.
Mientras en los alrededores del milagro se construía ávidamente
la eternidad del futuro desoyendo las pisadas que anunciaban el regreso de los novios
Piedras casi talladas se abandonaban para pasto de las fieras
y las lágrimas del silencio sustituían a las lluvias vespertinas
Algunos ya intuíamos que la eternidad era un enorme progreso
en el que se refugiaban los cormoranes y las violas de gamba
un caballo desbocado rompió la serenidad del momento
y su sombra dejó una huella de meteoro en la plaza coronada por espectros
Y de repente el mar llenó de brillos los huecos mis huecos tus huecos nuestros huecos…
Ilust.: “El ángel caído”. Marc Chagall. 1923
BANQUETE NUPCIAL
Las corbatas escocesas son un dije en la eternidad
José Lezama Lima
Era el comedor de apetitos venecianos
lustrado por los reflejos de las lámparas
infinitamente multiplicadas
en los espejos con vocación de milagro
las canciones y las aves se eclipsaban blandamente
sobre tapices tejidos por unicornios cautivos
Felices éramos en aquellos días de encontrados aspavientos
Reconocidos fragmentos de elocuencia
añadían sus iluminaciones pretéritas
a los naturales lustres de las frutas pelirrojas
las pupilas iluminadas eran los fondos de espejo
que asombrados reflejaban las músicas bergamascas
y se entrecerraban con noctívagas reminiscencias de los sueños
De nada servían los trémolos y las quietudes de estatua
que anunciaban la llegada de los novios
Eran ya licor de esencias de holandas
las vertidas en los claustros represores
y eran añosas holandas escapadas de los cuadros de Vermeer
las que separaban la noche de su futuro
Pero nosotros no alcanzábamos a comprender sus jeroglíficos
Los centros de las esferas tiemblan bajo los vientos australes
dispersando las letras que iluminan los textos agridulces de los salmos
enormes los facistoles giran levemente
empujados por poetas circasianos
mientras los monjes arrobados por el piar de los mirlos
entran en sus éxtasis privilegiados
Los innumerables jardines
inaccesibles a la iluminación melodramática
cambiaron los cipreses por ese enramado de hiedras
tan proclive al enervamiento de los amantes
el vacío inevitable se adueñó de las plácidas estatuas
que pronto devinieron en cenizas.
Pero a nosotros refugiados en eternal ámbito solo nos preocupaba la estrella polar.
Mientras en los alrededores del milagro se construía ávidamente
la eternidad del futuro desoyendo las pisadas que anunciaban el regreso de los novios
Piedras casi talladas se abandonaban para pasto de las fieras
y las lágrimas del silencio sustituían a las lluvias vespertinas
Algunos ya intuíamos que la eternidad era un enorme progreso
en el que se refugiaban los cormoranes y las violas de gamba
un caballo desbocado rompió la serenidad del momento
y su sombra dejó una huella de meteoro en la plaza coronada por espectros
Y de repente el mar llenó de brillos los huecos mis huecos tus huecos nuestros huecos…
Ilust.: “El ángel caído”. Marc Chagall. 1923