Cómo te envidio "estatua" que no sientes
ni el frío, ni el calor, ni el desaliento,
que nada te perturba ni te ofende,
no sabes de quimeras ni de sueños.
Y en el largo calvario del olvido,
cómo envidio tu ausencia de recuerdos
porque en tu permanente impermanencia
nada sabes del llanto ni del duelo.
Te resbala la lluvia y no te empapa,
igual que te resbala el sufrimiento.
Mas yo tengo el temblor del que careces,
tú no puedes sentir lo que yo siento
con la brisa del mar sobre mi rostro
y un hábito de pájaro en mi vuelo.
No sentiste un batir de mariposas
al regresar a puerto el marinero
que un día te cubrió con su chaqueta
del helado rocío de tu invierno
y allí quedó cautivo de tu hechizo
queriendo dar calor al frío acero.
No sé cómo decirte esta verdad:
-Tú serás solo restos de otro tiempo,
ruinas bajo las aguas de Venecia,
y él volverá a nacer de amor hambriento.
Última edición: