MUJER FRENTE AL MAR-III
Eres como el aire marino
o el sonido abiselado en la
garganta de las gaviotas.
Apuntas siempre a la onda tristeza
que dejan los mustios calendarios
después de cantarle a las rocas.
La naftalina corre y se alarga por tus brazos
cuando escribes mi nombre
porque sabes que soy la única sombra
que en tus sueños se desviste.
Quédate ahora que el crepúsculo
se alarga en la mirada,
ahora que somos peces
y la tarde se escabulle entre las olas.
Quédate hasta que el viento sea redondo
hasta que corra por mis manos
la sustantiva caricia que llevas por dentro.
Eban