Ella y su sombra.
Ambas son doradas volutas
nutriéndose de mi existencia.
Ella y su sombra
en la pequeñez de los días
que me abrazan…una punta de sol
hasta donde las piedras pierden su voz.
Atrincherado en el cuello del silencio
le hablo a sus manos que zurcen palabras
y las desmigan en el brillo de una noria.
Ella y su sombra...agua nocturna
mirada morena
encontrada en la comisura
de los pájaros, cosecha de sus
cielos que adoro.
Un círculo espeso se alza
y deja un silencio corriendo
por la ruta de las totoras.
El norte habla desde las rocas
y cruje bajo el tedio de las horas
que se amotinan en su cabello.
Ella y su sombra
paciente como una colina esperando
el amanecer,
brote feble para el enjambre
que baja al pecho y recoge los frutos
de la medianoche.
Ella y su sombra
lo es todo.
El beso voraz
y blanquecino
aun sigue aquí,
también la mirada que usurpa
las colinas de su vientre
y bebe de la hondonada pasión
la virtud más grave de la luz.
(Melipilla, Enero, 2020)