PITEIRA
Poeta que considera el portal su segunda casa
Van ganando ya las sombras
a la clara luz del día,
vistiéndose están de oscuro
los colores que tenía.
Y yo me oculto, inseguro,
de la cabeza a los pies,
que gravemente me inquietan
la luces que no se ven.
Un temible escalofrío
recorre toda mi piel
cuando ruidos voy oyendo
a través de la pared.
Y los temblores se agravan,
siento el corazón a cien,
un sudor frío en el cuerpo
me llega al alma también.
Y suenan, suenan que suenan
una y otra y otra vez,
y los ojos muy abiertos
aunque nada puedan ver.
Una figura presiento
acercándose al dosel,
muy inmóvil me mantengo,
yo no sé qué puede ser.
Sacar fuerzas de flaqueza
se dice que es valentía
¿De dónde saldrán mis fuerzas?
¡Ay mi madre, madre mía!
Oh, qué largas son las horas,
más de noche que en el día,
porque deprisa pasaran
al diablo me vendería.
Lentamente voy bajando
la ropa que me cubría
y en la nariz siento el fuego
de una hiriente brisa fría.
Un relámpago de luz
hirió al tiempo mis pupilas
y una voz atronadora
en la estancia repetía:
"Despierta ya de una vez
vago, indecente holgazán,
que ya has dormido la mona,
llegarás tarde a fichar."
Era madre que gritaba
descorriendo las cortinas
como si en ello le fuese
o se jugase la vida.
a la clara luz del día,
vistiéndose están de oscuro
los colores que tenía.
Y yo me oculto, inseguro,
de la cabeza a los pies,
que gravemente me inquietan
la luces que no se ven.
Un temible escalofrío
recorre toda mi piel
cuando ruidos voy oyendo
a través de la pared.
Y los temblores se agravan,
siento el corazón a cien,
un sudor frío en el cuerpo
me llega al alma también.
Y suenan, suenan que suenan
una y otra y otra vez,
y los ojos muy abiertos
aunque nada puedan ver.
Una figura presiento
acercándose al dosel,
muy inmóvil me mantengo,
yo no sé qué puede ser.
Sacar fuerzas de flaqueza
se dice que es valentía
¿De dónde saldrán mis fuerzas?
¡Ay mi madre, madre mía!
Oh, qué largas son las horas,
más de noche que en el día,
porque deprisa pasaran
al diablo me vendería.
Lentamente voy bajando
la ropa que me cubría
y en la nariz siento el fuego
de una hiriente brisa fría.
Un relámpago de luz
hirió al tiempo mis pupilas
y una voz atronadora
en la estancia repetía:
"Despierta ya de una vez
vago, indecente holgazán,
que ya has dormido la mona,
llegarás tarde a fichar."
Era madre que gritaba
descorriendo las cortinas
como si en ello le fuese
o se jugase la vida.
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