Solo entonces comprendí

penabad57

Poeta veterano en el portal
Todos los nidos han muerto.
Una galería de voces y un olor a sábanas viejas.
Crujían los escalones como si pisáramos le piel de los murciélagos,
su sangre azul, desparramada.
Era tu hogar un laberinto de puertas sin alma,
la confidencia tras el ardor de la noche, un jadeo que entristece la luz.
Existió en tus ojos la sed monacal que no pregunta,
te fuiste hacia los siglos y los bajos fondos del futuro,
poblaste los cabellos del devenir con tus ovarios de ninfa.
Esta casa tenía un patio blanco y una verdad oscura,
metros cuadrados de insomnio y una cicatriz en el sofá
con la ceniza de tu nombre. Me llamaste y yo vi la hora palpitar
y vi tu cruz de espanto, recogida en la habitación,
ovillada de luna. Solo entonces comprendí
que, al fin, éramos uno.
 
Todos los nidos han muerto.
Una galería de voces y un olor a sábanas viejas.
Crujían los escalones como si pisáramos le piel de los murciélagos,
su sangre azul, desparramada.
Era tu hogar un laberinto de puertas sin alma,
la confidencia tras el ardor de la noche, un jadeo que entristece la luz.
Existió en tus ojos la sed monacal que no pregunta,
te fuiste hacia los siglos y los bajos fondos del futuro,
poblaste los cabellos del devenir con tus ovarios de ninfa.
Esta casa tenía un patio blanco y una verdad oscura,
metros cuadrados de insomnio y una cicatriz en el sofá
con la ceniza de tu nombre. Me llamaste y yo vi la hora palpitar
y vi tu cruz de espanto, recogida en la habitación,
ovillada de luna. Solo entonces comprendí
que, al fin, éramos uno.

Contextos, espacios físicos en fusión perfecta con aquello que sucede puertas hacia adentro del alma.
Este portal necesita personas como vos, artistas de la pluma y no es mero elogio, es la pura verdad.
Un abrazo colmado de sincera admiración, amigo.
 
Todos los nidos han muerto.
Una galería de voces y un olor a sábanas viejas.
Crujían los escalones como si pisáramos le piel de los murciélagos,
su sangre azul, desparramada.
Era tu hogar un laberinto de puertas sin alma,
la confidencia tras el ardor de la noche, un jadeo que entristece la luz.
Existió en tus ojos la sed monacal que no pregunta,
te fuiste hacia los siglos y los bajos fondos del futuro,
poblaste los cabellos del devenir con tus ovarios de ninfa.
Esta casa tenía un patio blanco y una verdad oscura,
metros cuadrados de insomnio y una cicatriz en el sofá
con la ceniza de tu nombre. Me llamaste y yo vi la hora palpitar
y vi tu cruz de espanto, recogida en la habitación,
ovillada de luna. Solo entonces comprendí
que, al fin, éramos uno.
 
odos los nidos han muerto.
Una galería de voces y un olor a sábanas viejas.
Crujían los escalones como si pisáramos le piel de los murciélagos,
su sangre azul, desparramada.
Era tu hogar un laberinto de puertas sin alma,
la confidencia tras el ardor de la noche, un jadeo que entristece la luz.
Existió en tus ojos la sed monacal que no pregunta,
te fuiste hacia los siglos y los bajos fondos del futuro,
poblaste los cabellos del devenir con tus ovarios de ninfa.
Esta casa tenía un patio blanco y una verdad oscura,
metros cuadrados de insomnio y una cicatriz en el sofá
con la ceniza de tu nombre. Me llamaste y yo vi la hora palpitar
y vi tu cruz de espanto, recogida en la habitación,
ovillada de luna. Solo entonces comprendí
que, al fin, éramos uno.

Esa unidad marcada desde las esencias de lo mas blanco, una curvatura
especial para dejar esos sentimientos enraizados en un amor que se
prende desde el pasado a lo prente. bello dibujp de mezclas maximas.
felicidades. saludos de luzyabsenta
 

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