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Venimos de la tarde

Javier B

Poeta fiel al portal
Venimos de la tarde que yace tras el monte.
El sol que se apretuja entre el cielo y el mar
se ha ido lentamente, sangrando al horizonte
con su luz mortecina, cansado de brillar.

Se asoman nuestras lágrimas sin voces ni lamentos
pues la ciudad derrama silencio en las esquinas.
El cielo, cabizbajo, a falta de argumentos,
enciende unas estrellas detrás de las colinas.

Henos aquí temblando como hojas en el viento,
como cachorros tercos cazando necedades,
afuera nos vigila un némesis hambriento
mientras nos abrazamos a nuestras soledades.

Venimos de la tarde al mal que nos acecha.
Se escuchan los tambores de guerra en las noticias:
el virus silencioso viene por su cosecha
con manos descarnadas, sedientas, subrepticias.

Pero esta noche no, no hará que nos rindamos,
la humanidad unida subsiste y permanece;
podemos tropezar más nunca nos quebramos
ante la adversidad, cuando el mundo anochece.

Nuestro valor dormido comienza a despertarse
y a falta de contacto, tocamos con el alma.
Si el viento del silencio sus temores esparce,
saber que somos uno nos renueva y nos calma.

En cada corazón hay un héroe dormido,
y en cada adversidad, un canto de victoria;
plantemos ilusiones en este mundo herido
y demos nuestra voz al paso de la historia.

La fuerza ante el dolor nos forja y nos define,
la historia nos condena, pero el amor nos salva.
La fe que mueve montes, será la que ilumine
la noche que se acerca hasta que llegue el alba.

Mañana un nuevo día tendrá sus contrapuntos,
y unidos buscaremos un sol que nos resguarde.
Por hoy prendamos versos y recordemos juntos
que vamos hacia el alba desde una fría tarde.

- Javier
 
Última edición:
Venimos de la tarde que yace tras el monte.
El sol que se apretuja entre el cielo y la tierra
se ha ido lentamente, sangrando al horizonte
y el mundo poco a poco en la noche se encierra.

Se asoman nuestras lágrimas sin voces ni lamentos
pues la ciudad derrama silencio en las esquinas.
El cielo, cabizbajo, a falta de argumentos,
enciende unas estrellas detrás de las colinas.

Henos aquí temblando como hojas en otoño,
como cachorros tercos plantando necedades,
afuera nos vigila el miedo y su retoño,
mientras nos abrazamos a nuestras soledades.

Venimos de la tarde al mal que nos acecha.
Se escuchan los tambores de guerra en las noticias:
el virus silencioso viene por su cosecha
con manos descarnadas, sedientas, subrepticias.

Mañana un nuevo día espera nuestro abrazo,
y buscaremos juntos un sol que nos resguarde.
Por hoy tendemos versos y echamos un vistazo
al lánguido horizonte que nos dejó la tarde.

- Javier
Excelente, Javier. Esperemos que el sol no se apague. Un placer leerte.
Fuerte abrazo.
 
Venimos de la tarde que yace tras el monte.
El sol que se apretuja entre el cielo y el mar
se ha ido lentamente, sangrando al horizonte
con su luz mortecina, cansado de brillar.

Se asoman nuestras lágrimas sin voces ni lamentos
pues la ciudad derrama silencio en las esquinas.
El cielo, cabizbajo, a falta de argumentos,
enciende unas estrellas detrás de las colinas.

Henos aquí temblando como hojas en otoño,
como cachorros tercos cazando necedades,
afuera nos vigila el miedo y su retoño,
mientras nos abrazamos a nuestras soledades.

Venimos de la tarde al mal que nos acecha.
Se escuchan los tambores de guerra en las noticias:
el virus silencioso viene por su cosecha
con manos descarnadas, sedientas, subrepticias.

Pero esta noche no, no hará que nos rindamos,
la humanidad unida subsiste y permanece;
podemos tropezar más nunca nos quebramos
ante la adversidad, cuando el mundo anochece.

Nuestro valor dormido empieza a despertarse
y a falta de contacto, tocamos con el alma.
Si el viento del silencio sus temores esparce,
saber que somos uno nos renueva y nos calma.

En cada corazón hay un héroe escondido,
y en cada adversidad, un canto de victoria;
plantemos ilusión en este mundo herido
y demos nuestra voz al paso de la historia.

Pues debe ser sabido que esto no nos define,
la historia nos condena, pero el amor nos salva.
La fe mueve montañas, dejemos que ilumine
la noche que se acerca hasta que llegue el alba.

Mañana un nuevo día tendrá sus contrapuntos,
y unidos buscaremos un sol que nos resguarde.
Por hoy prendamos versos y recordemos juntos
que vamos hacia el alba desde una fría tarde.

- Javier

Introduces cambios significativos respecto a la redacción anterior pero me faltan referentes para valorar. Tal vez si reproduces la versión anterior pudiera apreciar la mejora.
No la recuerdo en sus términos pero el último verso de la versión primitiva me encantó.
En cualquier caso, un poema para enmarcar.

Un abrazo, Javier.
 
Como siempre excelente poema, poeta Javier. Que El Señor nos proteja a todos. Un abrazo.
 
Introduces cambios significativos respecto a la redacción anterior pero me faltan referentes para valorar. Tal vez si reproduces la versión anterior pudiera apreciar la mejora.
No la recuerdo en sus términos pero el último verso de la versión primitiva me encantó.
En cualquier caso, un poema para enmarcar.

Un abrazo, Javier.

Venimos de la tarde que yace tras el monte.
El sol que se apretuja entre el cielo y la tierra
se ha ido lentamente, sangrando al horizonte
y el mundo poco a poco en la noche se encierra.

Se asoman nuestras lágrimas sin voces ni lamentos
pues la ciudad derrama silencio en las esquinas.
El cielo, cabizbajo, a falta de argumentos,
enciende unas estrellas detrás de las colinas.

Henos aquí temblando como hojas en otoño,
como cachorros tercos plantando necedades,
afuera nos vigila el miedo y su retoño,
mientras nos abrazamos a nuestras soledades.

Venimos de la tarde al mal que nos acecha.
Se escuchan los tambores de guerra en las noticias:
el virus silencioso viene por su cosecha
con manos descarnadas, sedientas, subrepticias.

... 4 nuevas estrofas

Mañana un nuevo día espera nuestro abrazo,
y buscaremos juntos un sol que nos resguarde.
Por hoy tendemos versos y echamos un vistazo
al lánguido horizonte que nos dejó la tarde.

Esta es la versión anterior. Es principlamente el énfasis en la idea que maneja la última estrofa que compite contra el resto del poema con estrofas mas pesimistas.

Saludos, estimado Vicente.

Javier
 
Venimos de la tarde que yace tras el monte.
El sol que se apretuja entre el cielo y el mar
se ha ido lentamente, sangrando al horizonte
con su luz mortecina, cansado de brillar.

Se asoman nuestras lágrimas sin voces ni lamentos
pues la ciudad derrama silencio en las esquinas.
El cielo, cabizbajo, a falta de argumentos,
enciende unas estrellas detrás de las colinas.

Henos aquí temblando como hojas en otoño,
como cachorros tercos cazando necedades,
afuera nos vigila el miedo y su retoño,
mientras nos abrazamos a nuestras soledades.

Venimos de la tarde al mal que nos acecha.
Se escuchan los tambores de guerra en las noticias:
el virus silencioso viene por su cosecha
con manos descarnadas, sedientas, subrepticias.

Pero esta noche no, no hará que nos rindamos,
la humanidad unida subsiste y permanece;
podemos tropezar más nunca nos quebramos
ante la adversidad, cuando el mundo anochece.

Nuestro valor dormido empieza a despertarse
y a falta de contacto, tocamos con el alma.
Si el viento del silencio sus temores esparce,
saber que somos uno nos renueva y nos calma.

En cada corazón hay un héroe dormido,
y en cada adversidad, un canto de victoria;
plantemos ilusión en este mundo herido
y demos nuestra voz al paso de la historia.

Pues debe ser sabido que esto no nos define,
la historia nos condena, pero el amor nos salva.
La fe mueve montañas, dejemos que ilumine
la noche que se acerca hasta que llegue el alba.

Mañana un nuevo día tendrá sus contrapuntos,
y unidos buscaremos un sol que nos resguarde.
Por hoy prendamos versos y recordemos juntos
que vamos hacia el alba desde una fría tarde.

- Javier


Qué hermosas pinceladas para un paisaje triste, Javier, "la historia nos condena pero el amor nos salva", "en cada corazón hay un héroe dormido" Un gran poema Javier, felicidades por tu buen hacer en poesia, por tu arte.
Que nos acompañe la fuerza y que esta pesadilla termine con una nueva forma de mirar, y nos haga más solidarios, más comprensivos y humildes, más silenciosos y sabios, menos codiciosos y superficiales..
Un cordial abrazo, compañero.
Isabel
 
Elegante composición con exquisitas rimas de cuartetos serventesios, que grandes trabajos haces poeta. Leyéndote se puede llegar a amar la métrica. Un abrazo, poeta...

Paco
 

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