Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al cesar la lluvia,
las golondrinas emigraron
a sus cuarteles de verano más al norte;
un gran oso blanco, con las fauces abiertas
dio cuenta a mordiscos del lomo de una gacela,
aún eran visibles en el cielo
varios puntos encarnados
donde hincó los dientes;
el ojo de una aguja,
por donde cae el tiempo a borbotones
tomó la precaución
de no dejar pasar ningún camello,
medida esta muy aplaudida
si no se quiere jorobar en demasía
los campos de cultivo,
las estaciones de servicio
de los caminos sin ruedas.
Al cesar la lluvia,
los ojos del amor cobran nuevo brillo,
se limpian de legañas, telarañas,
de todo aquello que engaña en un segundo incierto,
se despejan los vahos de cristales perdidos
y se toma la calle,
parece mentira
que aún queden vacíos donde hacer el amor,
después de lo que ha caído.