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Al cesar la lluvia

Chema Ysmer

Poeta que considera el portal su segunda casa
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Al cesar la lluvia,

las golondrinas emigraron

a sus cuarteles de verano más al norte;

un gran oso blanco, con las fauces abiertas

dio cuenta a mordiscos del lomo de una gacela,

aún eran visibles en el cielo

varios puntos encarnados

donde hincó los dientes;

el ojo de una aguja,

por donde cae el tiempo a borbotones

tomó la precaución

de no dejar pasar ningún camello,

medida esta muy aplaudida

si no se quiere jorobar en demasía

los campos de cultivo,

las estaciones de servicio

de los caminos sin ruedas.

Al cesar la lluvia,

los ojos del amor cobran nuevo brillo,

se limpian de legañas, telarañas,

de todo aquello que engaña en un segundo incierto,

se despejan los vahos de cristales perdidos

y se toma la calle,

parece mentira

que aún queden vacíos donde hacer el amor,

después de lo que ha caído.
 
José María que estilo tan bello tienes de decir las cosas, MARAVILLOSO de principio al final.
Besitos libres querido poeta-amigo,
La lluvia y las nubes inspiran mucho, uno puede imaginar en esa formas cambiantes y delicadas todo un mundo que llena sus entrañas con la fuente de nuestros sueños.
Gracias por leer mis poemas, me agrada mucho que te gusten tanto. Besos de girasol, querida amiga.
 
Versos que son una réplica afortunada del cesar de la lluvia. Una explosión de alegría y vuelta a la vida una vez lustrados por esas limpias y beneficiosas gotas. Hermosos versos. Un cordial saludo compañero.
miguel
La lluvia es paréntesis y también presagio de un próspero mañana. Gracias, recibe Miguel un abrazo y cordial saludo. Chema
 
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Al cesar la lluvia,

las golondrinas emigraron

a sus cuarteles de verano más al norte;

un gran oso blanco, con las fauces abiertas

dio cuenta a mordiscos del lomo de una gacela,

aún eran visibles en el cielo

varios puntos encarnados

donde hincó los dientes;

el ojo de una aguja,

por donde cae el tiempo a borbotones

tomó la precaución

de no dejar pasar ningún camello,

medida esta muy aplaudida

si no se quiere jorobar en demasía

los campos de cultivo,

las estaciones de servicio

de los caminos sin ruedas.

Al cesar la lluvia,

los ojos del amor cobran nuevo brillo,

se limpian de legañas, telarañas,

de todo aquello que engaña en un segundo incierto,

se despejan los vahos de cristales perdidos

y se toma la calle,

parece mentira

que aún queden vacíos donde hacer el amor,

después de lo que ha caído.
Crecerse desde la lluvia, elevar esa desnudez para en la alfombra de los
sentimientos disolver ese cordon de necesidad frente a lo perdido.
excelente. saludos amables de luzyabsenta
 

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