Me consume
desde los huesos
el mismo fuego
que me forjó
en oscuros pasados,
en otras tierras.
Ardo
al tiempo que tiemblo
incombustible y eterno
rozando los moldes
forzando una forma.
Hiervo
carreteras, fluidos,
cada sensible molécula
templada y lacónica
esbozada en un gesto.
Quemo
hojas secas
de árboles longevos
para mezclar cenizas,
para hallar la ruta.
Incinero
mi alma, mi accidente,
con la llama universal
pura, llana y precisa
del origen y final...
...Y siempre
algo más queda.
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