Es la noche la profundidad de este abismo,
sin mirar el ayer los minutos discurren
en un tiempo infinito
que no tiene marcha atrás,
sin futuro,
sin recuerdos.
Quise construir mi casa en el horizonte
plagado de estrellas
pero terminé en el barranco
con la tarde sufriente suspirando
en ese extrañar de la vida
fue como avivar el fuego,
en soledad, en ausencia,
en ese añorar lo que siempre se va perdiendo
en un vacío que se ha vuelto aire entre los dedos
espuma de ese mar embravecido
que era tu mirada.
Ya el cielo no es el lugar amable
que siempre soñamos,
esa suave dulzura de labios
no es más que la llama de una boca
que quema sus silencios en otras auroras.
Ana Mercedes Villalobos
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