La velada

lesmo

Poeta veterano en el portal

... y su voz era flama, y su vientre era ofrenda
en que el sexo fulgía como un áureo trigal.

Parábola de los ojos
Enrique González Martínez

La velada

(Dodecasílabos)

I

Con miradas y en silencio nos hablamos,
pregonando las pupilas los deseos
y el idioma de los cómplices meneos
de los pies que se rozaban empleamos.

A pesar de no estar solos comenzamos
a notar inopinados aleteos
y al final del restaurante, en los aseos,
con prudencia y disimulo nos citamos.

Daba igual el de señora o caballero,
la cuestión era domar el avispero
que zumbaba por la ardiente sobremesa.

Y en el mármol travertino del lavabo
nuevamente comprendí que era tu esclavo,
amor mío, cuando allí me hiciste presa.

II

Ya de noche tras la lúbrica velada
nos marchamos y, al pasar cerca del parque,
por influjo de Selene o el enmarque,
me abrazaste de una forma inesperada.

Con mi voz de la pasión entrecortada
susurré: – Deja mujer, deja que aparque.
Y dijiste: – Date prisa, que te marque
en el cuello con hambrienta dentellada.

Nos sentamos en un sitio que, alejado,
era abrigo de curiosos en el prado,
solamente con la Luna compañera.

Otra vez, enamorados, nos unimos
y del éxtasis aquel los dos creímos
que era el lecho el tosco banco de madera.

III

Mis botones poco a poco y tus botones,
en un juego placentero, se soltaron
y al instante de la brisa se erizaron
despuntando muy taurinos dos pitones.

Nos llegaron a los dos mil sensaciones
y de pronto nuestras pieles lo acusaron,
complacidas, de tal forma despertaron
que cedimos a tamañas atracciones.

Con firmeza y sin ambages me pediste
que no fuera tan despacio con la prenda
y atendí todas las órdenes que diste.

Un atajo me ensañaste de tu senda
y en silencio, con el gesto, me advertiste
que cumpliera varonil con la encomienda.
 
Última edición:
Desde luego, amigo Salvador, nos dejas en el marco de tres magnificos sonetos una noche sensual y erótica descrita con finísima lírica pasional.

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Me saco el sombrero caballero! Abrazo grande desde Argentina.
 

... y su voz era flama, y su vientre era ofrenda
en que el sexo fulgía como un áureo trigal.

Parábola de los ojos
Enrique González Martínez

La velada

(Dodecasílabos)

I

Con miradas y en silencio nos hablamos,
pregonando las pupilas los deseos
y el idioma de los cómplices meneos
de los pies que se rozaban empleamos.

A pesar de no estar solos comenzamos
a notar inopinados aleteos
y al final del restaurante, en los aseos,
con prudencia y disimulo nos citamos.

Daba igual el de señora o caballero,
la cuestión era domar el avispero
que zumbaba por la ardiente sobremesa.

Y en el mármol travertino del lavabo
nuevamente comprendí que era tu esclavo,
amor mío, cuando allí me hiciste presa.

II

Ya de noche tras la lúbrica velada
nos marchamos y, al pasar cerca del parque,
por influjo de Selene o el enmarque,
me abrazaste de una forma inesperada.

Con mi voz de la pasión entrecortada
susurré: – Deja mujer, deja que aparque.
Y dijiste: – Date prisa, que te marque
en el cuello con hambrienta dentellada.

Nos sentamos en un sitio que, alejado,
era abrigo de curiosos en el prado,
solamente con la Luna compañera.

Otra vez, enamorados, nos unimos
y del éxtasis aquel los dos creímos
que era el lecho el tosco banco de madera.

III

Mis botones poco a poco y tus botones,
en un juego placentero, se soltaron
y al instante de la brisa se erizaron
despuntando muy taurinos dos pitones.

Nos llegaron a los dos mil sensaciones
y de pronto nuestras pieles lo acusaron,
complacidas, de tal forma despertaron
que cedimos a tamañas atracciones.

Con firmeza y sin ambages me pediste
que no fuera tan despacio con la prenda
y atendí todas las órdenes que diste.

Un atajo me ensañaste de tu senda
y en silencio, con el gesto, me advertiste
que cumpliera varonil con la encomienda.
Poco a poco ese reflejo donde se contorsiona la inspirada atraccion, ese paso
que refleja el primer soneto, para definir en el segundo ese reposo en analisis
de momento y que va definiendo el estado final frente a esa firmeza enamorada
y entregada. excelente. saludos amables de luzyabsenta
 
Poco a poco ese reflejo donde se contorsiona la inspirada atraccion, ese paso
que refleja el primer soneto, para definir en el segundo ese reposo en analisis
de momento y que va definiendo el estado final frente a esa firmeza enamorada
y entregada. excelente. saludos amables de luzyabsenta
Mil gracias, querido maestro, por esta mirada atenta sobre mis letras y por el amable y extendido comentario. Celebro hayan resultado ser de tu agrado.
Afectuosamente un fraternal abrazo.
Salvador.
 
Fina descripción lírica de un amor apasionado entre dos seres ....la magia de tus versos plasmada en sonetos, hacen volar los pensamientos hacia el acto más sublime de la creación.........saludos afectuosos .....un placer leerte
 
Fina descripción lírica de un amor apasionado entre dos seres ....la magia de tus versos plasmada en sonetos, hacen volar los pensamientos hacia el acto más sublime de la creación.........saludos afectuosos .....un placer leerte
Mil gracias, estimado compañero Trino, por acercarte y por dejar esta amable huella en mis letras. Celebro hayan sido de tu agrado.
Con afecto un cordial saludo.
Salvador.
 
Mil gracias, querido maestro, por esta mirada atenta sobre mis letras y por el amable y extendido comentario. Celebro hayan resultado ser de tu agrado.
Afectuosamente un fraternal abrazo.
Salvador.


SALVADOR
Muy agradecido por la cordialidad de tu respuesta. Hay poesias que se merecen el reflejo de la atenta reflexion y lectura precisa, pienso que es el caso de esta obra. por ello releo de nuevo para establecerme y encontrarme mejor entre sus contenidos de ese sentible mirar de emociones que entregas.saludos siempre amables de luzyabsenta
 
SALVADOR
Muy agradecido por la cordialidad de tu respuesta. Hay poesias que se merecen el reflejo de la atenta reflexion y lectura precisa, pienso que es el caso de esta obra. por ello releo de nuevo para establecerme y encontrarme mejor entre sus contenidos de ese sentible mirar de emociones que entregas.saludos siempre amables de luzyabsenta
De nuevo recibo, querido maestro, tu visita y comentario a estas letras mías, que vuelvas sobre ellas es un honor que me haces.
Con todos mis afectos, un saludo muy cordial.
Salvador.
 
Dios que velada!! Magnífica esta sucesión de sonetos que la relatan.
En delicados trazos dejas retratados los momentos de divina sensualidad
que hacen de tus letras una exquisita lectura, gracias por compartirla con
nosotros. Besitos apretados en tus mejillas.
 

... y su voz era flama, y su vientre era ofrenda
en que el sexo fulgía como un áureo trigal.

Parábola de los ojos
Enrique González Martínez

La velada

(Dodecasílabos)

I

Con miradas y en silencio nos hablamos,
pregonando las pupilas los deseos
y el idioma de los cómplices meneos
de los pies que se rozaban empleamos.

A pesar de no estar solos comenzamos
a notar inopinados aleteos
y al final del restaurante, en los aseos,
con prudencia y disimulo nos citamos.

Daba igual el de señora o caballero,
la cuestión era domar el avispero
que zumbaba por la ardiente sobremesa.

Y en el mármol travertino del lavabo
nuevamente comprendí que era tu esclavo,
amor mío, cuando allí me hiciste presa.

II

Ya de noche tras la lúbrica velada
nos marchamos y, al pasar cerca del parque,
por influjo de Selene o el enmarque,
me abrazaste de una forma inesperada.

Con mi voz de la pasión entrecortada
susurré: – Deja mujer, deja que aparque.
Y dijiste: – Date prisa, que te marque
en el cuello con hambrienta dentellada.

Nos sentamos en un sitio que, alejado,
era abrigo de curiosos en el prado,
solamente con la Luna compañera.

Otra vez, enamorados, nos unimos
y del éxtasis aquel los dos creímos
que era el lecho el tosco banco de madera.

III

Mis botones poco a poco y tus botones,
en un juego placentero, se soltaron
y al instante de la brisa se erizaron
despuntando muy taurinos dos pitones.

Nos llegaron a los dos mil sensaciones
y de pronto nuestras pieles lo acusaron,
complacidas, de tal forma despertaron
que cedimos a tamañas atracciones.

Con firmeza y sin ambages me pediste
que no fuera tan despacio con la prenda
y atendí todas las órdenes que diste.

Un atajo me ensañaste de tu senda
y en silencio, con el gesto, me advertiste
que cumpliera varonil con la encomienda.
Sabido es que la métrica, acentos, etc, de los dodecasílabos, no es de fácil construcción y tu Salva no solo te atreves con un soneto sino con tres, sorprendente y además con elevada poesía, mis respetos y admiración.
Un grande abrazo, querido amigo.
 
Excepcionales sonetos con la sensualidad navegando en cada tercio, me encantó Salvador; el erotismo en la poesía descrita se sumerge en la elegancia de los versos, creando una atmósfera sutil pero a la vez descarada de una velada que me parece recordar o tal vez la habré soñado............;););)
Simplemente genial
Un abrazo
Mil gracias, querido Pepe, por este comentario amable que dejas en mis letras. Celebro sean de tu agrado.
Un muy fuerte abrazo.
Salva.
 
Dios que velada!! Magnífica esta sucesión de sonetos que la relatan.
En delicados trazos dejas retratados los momentos de divina sensualidad
que hacen de tus letras una exquisita lectura, gracias por compartirla con
nosotros. Besitos apretados en tus mejillas.
Muchísimas gracias, querida Ana, por acercarte y dejar tu amable huella. Celebro que esta propuesta haya sido de tu agrado.
Con un muy afectuoso y fraternal abrazo.
Salvador.
 
Sabido es que la métrica, acentos, etc, de los dodecasílabos, no es de fácil construcción y tu Salva no solo te atreves con un soneto sino con tres, sorprendente y además con elevada poesía, mis respetos y admiración.
Un grande abrazo, querido amigo.
Mil gracias, querido Manuel, celebro hayan resultado de tu gusto estas letras mías.
Con todos mis afectos, un fuerte abrazo, amigo mío.
Salvador.
 

... y su voz era flama, y su vientre era ofrenda
en que el sexo fulgía como un áureo trigal.

Parábola de los ojos
Enrique González Martínez

La velada

(Dodecasílabos)

I

Con miradas y en silencio nos hablamos,
pregonando las pupilas los deseos
y el idioma de los cómplices meneos
de los pies que se rozaban empleamos.

A pesar de no estar solos comenzamos
a notar inopinados aleteos
y al final del restaurante, en los aseos,
con prudencia y disimulo nos citamos.

Daba igual el de señora o caballero,
la cuestión era domar el avispero
que zumbaba por la ardiente sobremesa.

Y en el mármol travertino del lavabo
nuevamente comprendí que era tu esclavo,
amor mío, cuando allí me hiciste presa.

II

Ya de noche tras la lúbrica velada
nos marchamos y, al pasar cerca del parque,
por influjo de Selene o el enmarque,
me abrazaste de una forma inesperada.

Con mi voz de la pasión entrecortada
susurré: – Deja mujer, deja que aparque.
Y dijiste: – Date prisa, que te marque
en el cuello con hambrienta dentellada.

Nos sentamos en un sitio que, alejado,
era abrigo de curiosos en el prado,
solamente con la Luna compañera.

Otra vez, enamorados, nos unimos
y del éxtasis aquel los dos creímos
que era el lecho el tosco banco de madera.

III

Mis botones poco a poco y tus botones,
en un juego placentero, se soltaron
y al instante de la brisa se erizaron
despuntando muy taurinos dos pitones.

Nos llegaron a los dos mil sensaciones
y de pronto nuestras pieles lo acusaron,
complacidas, de tal forma despertaron
que cedimos a tamañas atracciones.

Con firmeza y sin ambages me pediste
que no fuera tan despacio con la prenda
y atendí todas las órdenes que diste.

Un atajo me ensañaste de tu senda
y en silencio, con el gesto, me advertiste
que cumpliera varonil con la encomienda.
Tres sonetos que celebro poder leer. Tanta sutileza en las formas de escribir sobre la desatada pasión, es de admirar. Un gusto querido Salvador. Un abrazo.
 
Última edición:
Tres sonetos que celebro poder leer. Tanta sutileza en las formas de escribir sobre la desatada pasión, es de admirar. Un gusto querido Salvador. Un abrazo.
Muchas gracias, querido amigo, por este acercarte a mis letras y dejar tan amable comentario. Celebro que hayan resultado ser de tu agrado.
Con un abrazo muy fuerte.
Salvador.
 
La velada
(Dodecasílabos)

I

Con miradas y en silencio nos hablamos,
pregonando las pupilas los deseos
y el idioma de los cómplices meneos
de los pies que se rozaban empleamos.

A pesar de no estar solos comenzamos
a notar inopinados aleteos
y al final del restaurante, en los aseos,
con prudencia y disimulo nos citamos.

Daba igual el de señora o caballero,
la cuestión era domar el avispero
que zumbaba por la ardiente sobremesa.

Y en el mármol travertino del lavabo
nuevamente comprendí que era tu esclavo,
amor mío, cuando allí me hiciste presa.

II

Ya de noche tras la lúbrica velada
nos marchamos y, al pasar cerca del parque,
por influjo de Selene o el enmarque,
me abrazaste de una forma inesperada.

Con mi voz de la pasión entrecortada
susurré: – Deja mujer, deja que aparque.
Y dijiste: – Date prisa, que te marque
en el cuello con hambrienta dentellada.

Nos sentamos en un sitio que, alejado,
era abrigo de curiosos en el prado,
solamente con la Luna compañera.

Otra vez, enamorados, nos unimos
y del éxtasis aquel los dos creímos
que era el lecho el tosco banco de madera.

III

Mis botones poco a poco y tus botones,
en un juego placentero, se soltaron
y al instante de la brisa se erizaron
despuntando muy taurinos dos pitones.

Nos llegaron a los dos mil sensaciones
y de pronto nuestras pieles lo acusaron,
complacidas, de tal forma despertaron
que cedimos a tamañas atracciones.

Con firmeza y sin ambages me pediste
que no fuera tan despacio con la prenda
y atendí todas las órdenes que diste.

Un atajo me ensañaste de tu senda
y en silencio, con el gesto, me advertiste
que cumpliera varonil con la encomienda.
Plausible hasta que las palmas no puedan mas. Un triple deleite de estos precisos sonetos que no dejan indiferente a nadie. Bellas imágenes poéticas, muy intenso, sensual y cien por ciento hermoso. Recibe mis mas poderosos aplausos, respetos y admiración. Tony Drümz.
 

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