Luis Rubio
Moderador ENSEÑANTE/Asesor en Foro Poética Clásica
Miembro del equipo
Moderadores
Moderador enseñante
El burro disputaba al elefante
el trono del país más poderoso.
Uno era humilde, bueno y hacendoso
y el paquidermo, rudo y arrogante.
El burro tuvo en otro tiempo el sueño
de unir toda la grey de los equinos:
caballos, cebras, burros y pollinos
al albur de un estado borriqueño.
El elefante prometía un muro
que impidiese la entrada a los extraños:
“Los nuevos burros solo causan daños”,
- decía el de marfil en tono duro.
“Quieren seguir con sus mugrientas hordas
esquilmando la hierba que nosotros
vemos crecer, y alimentar los potros
de sus yeguas exóticas y gordas”.
“La otrora fértil, rica monarquía
de esta Arcadia que riega el río Grande
será un nuevo país cuando yo mande
y mi muro contenga a la asnería”.
El elefante impuso sus dogales
a la mayor corporación de rucios
con el auxilio de los trapos sucios
y el apoyo de ciertos animales.
Gracias a la labor de los castores
no quedó un solo bosque de ribera
que no se transportara a la frontera
para frenar a burros invasores.
El resultado de tan vastas talas,
minó los ríos y amplió desiertos
y aparecieron elefantes muertos
en los fosales de las selvas ralas.
Pues las naciones que prometen puertas
y fían su futuro a los candados
están poniendo un yugo a sus estados
y algún día serán naciones muertas.
el trono del país más poderoso.
Uno era humilde, bueno y hacendoso
y el paquidermo, rudo y arrogante.
El burro tuvo en otro tiempo el sueño
de unir toda la grey de los equinos:
caballos, cebras, burros y pollinos
al albur de un estado borriqueño.
El elefante prometía un muro
que impidiese la entrada a los extraños:
“Los nuevos burros solo causan daños”,
- decía el de marfil en tono duro.
“Quieren seguir con sus mugrientas hordas
esquilmando la hierba que nosotros
vemos crecer, y alimentar los potros
de sus yeguas exóticas y gordas”.
“La otrora fértil, rica monarquía
de esta Arcadia que riega el río Grande
será un nuevo país cuando yo mande
y mi muro contenga a la asnería”.
El elefante impuso sus dogales
a la mayor corporación de rucios
con el auxilio de los trapos sucios
y el apoyo de ciertos animales.
Gracias a la labor de los castores
no quedó un solo bosque de ribera
que no se transportara a la frontera
para frenar a burros invasores.
El resultado de tan vastas talas,
minó los ríos y amplió desiertos
y aparecieron elefantes muertos
en los fosales de las selvas ralas.
Pues las naciones que prometen puertas
y fían su futuro a los candados
están poniendo un yugo a sus estados
y algún día serán naciones muertas.