Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amanece en la noche
deshojada de pétalos
que desnudan la luna,
en rincones suicidas
colgados del abismo
donde se adormece
el verde.
Amanece en los surcos
labrados del esfuerzo
con azada o con pluma,
en el poso olvidado
después de los impulsos
de la ola en la frente.
Amanece en los oscuros
de la melancolía
más recalcitrante,
en los baúles viejos
en las ropas vacías
en el calendario sin rostro.
Amanece en las manecillas
del reloj que camina
donde el sol reaparece.
Amanece
y sin darte cuenta
en la noche de estrellas
tu piel amanece,
amanece
y sin darte cuenta
tu noche de estrellas
se llena de dedos.