Ricardo Giraldo Martínez
Poeta recién llegado
Como uno más de los transeúntes esperaba;
buitre negro y citadino perdido en el cemento,
miraba atento y esquivo la calle,
el sol de mediodía reflejaba la chispa
en su traje de invierno.
Con el destino marcado levantó la mirada,
avanzó con premura,
intentó cruzar con desespero,
en la otra acera lo esperaba un llamativo almuerzo:
pellejos sazonados en el vapor veraniego.
Cada intento era sofocado,
lo detenía el presuroso tiempo:
bicicletas, carros, una carretilla tirada
por un caballo de pueblo,
de todos ellos vio sus ruedas girando;
lo hipnotizaba,
igual que los transeúntes dormidos caminaban
por el sendero,
cuando el buitre pudo despertar,
extendió sus alas negras y alzó el vuelo,
pero los transeúntes…
ellos siguieron dormidos en la zozobra del tiempo.
buitre negro y citadino perdido en el cemento,
miraba atento y esquivo la calle,
el sol de mediodía reflejaba la chispa
en su traje de invierno.
Con el destino marcado levantó la mirada,
avanzó con premura,
intentó cruzar con desespero,
en la otra acera lo esperaba un llamativo almuerzo:
pellejos sazonados en el vapor veraniego.
Cada intento era sofocado,
lo detenía el presuroso tiempo:
bicicletas, carros, una carretilla tirada
por un caballo de pueblo,
de todos ellos vio sus ruedas girando;
lo hipnotizaba,
igual que los transeúntes dormidos caminaban
por el sendero,
cuando el buitre pudo despertar,
extendió sus alas negras y alzó el vuelo,
pero los transeúntes…
ellos siguieron dormidos en la zozobra del tiempo.