El buitre negro

Ricardo Giraldo Martínez

Poeta recién llegado
Como uno más de los transeúntes esperaba;
buitre negro y citadino perdido en el cemento,
miraba atento y esquivo la calle,
el sol de mediodía reflejaba la chispa
en su traje de invierno.

Con el destino marcado levantó la mirada,
avanzó con premura,
intentó cruzar con desespero,
en la otra acera lo esperaba un llamativo almuerzo:
pellejos sazonados en el vapor veraniego.

Cada intento era sofocado,
lo detenía el presuroso tiempo:
bicicletas, carros, una carretilla tirada
por un caballo de pueblo,
de todos ellos vio sus ruedas girando;

lo hipnotizaba,
igual que los transeúntes dormidos caminaban
por el sendero,
cuando el buitre pudo despertar,
extendió sus alas negras y alzó el vuelo,
pero los transeúntes…
ellos siguieron dormidos en la zozobra del tiempo.
 
Entiendo aquí la figura del buitre de manera literal, pero podría ser también una alegoría de la la muerte. Su poema crea una atmósfera de intenso calor, mismo sopor que debe habitar el Averno. Muchas gracias por compartirlo.
 
Entiendo aquí la figura del buitre de manera literal, pero podría ser también una alegoría de la la muerte. Su poema crea una atmósfera de intenso calor, mismo sopor que debe habitar el Averno. Muchas gracias por compartirlo.
El averno es caluroso, sin duda, ahora, ¿dónde quedará este horrible lugar? Saludos y gratitud por la visita.
 
Por desgracia la mayoría de las personas se han convertido en zombis, muñecos de trapo manejados por el títere del consumismo, perdidos en la selva del dinero donde ni siquiera llegan a peones en este tablero de ajedrez, pero cada tanto alguno despierta de la Matrix y emprende el vuelo. Maravilloso y muy profundo poema, Ricardo, saludos Daniel
 
Como uno más de los transeúntes esperaba;
buitre negro y citadino perdido en el cemento,
miraba atento y esquivo la calle,
el sol de mediodía reflejaba la chispa
en su traje de invierno.


Con el destino marcado levantó la mirada,
avanzó con premura,
intentó cruzar con desespero,
en la otra acera lo esperaba un llamativo almuerzo:
pellejos sazonados en el vapor veraniego.


Cada intento era sofocado,
lo detenía el presuroso tiempo:
bicicletas, carros, una carretilla tirada
por un caballo de pueblo,

de todos ellos vio sus ruedas girando;
lo hipnotizaba,
igual que los transeúntes dormidos caminaban
por el sendero,
cuando el buitre pudo despertar,
extendió sus alas negras y alzó el vuelo,
pero los transeúntes…

ellos siguieron dormidos en la zozobra del tiempo.

Mis felicitaciones Ricardo por este gran trabajo que presentas donde claramente se ve que el ser humano no sale del hipnotismo.
Un placer disfrutar de tus letras.
Saludos cordiales.
 
Así permanecemos la mayoría, sumidos en el sopor de la espera,
con la pesada indiferencia cortándonos las alas, se ha puesto muy
difícil caminar la vida, pero sin duda la actitud, nos ha abandonado
a nuestra suerte. Gracias por compartirnos tus letras Ricardo.
Besitos apretados en tus mejillas.
Besitos recibidos Anamer, que gusto leer tu reflexión acerca de estas líneas. Cordial saludo.
 

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