Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
CUENCAS
ABISMALES
En el mudo lenguaje del acero
en el frío elemento de su lumbre,
en la espera del cóndor por la cumbre,
se vislumbra silente el cancerbero.
En el campo sediento de aguacero,
en el rastro sin fuego que le alumbre,
en la hambruna rugiendo muchedumbre,
la guadaña se acerca a pie ligero…
En el rostro de cuencas abismales,
en el tacto que teje a los inviernos,
los segundos sofocan al ahora.
En el manto de fríos fantasmales,
en el suelo de trajes y de ternos
precipita, el espíritu evapora.
Dvaldés
ABISMALES
En el mudo lenguaje del acero
en el frío elemento de su lumbre,
en la espera del cóndor por la cumbre,
se vislumbra silente el cancerbero.
En el campo sediento de aguacero,
en el rastro sin fuego que le alumbre,
en la hambruna rugiendo muchedumbre,
la guadaña se acerca a pie ligero…
En el rostro de cuencas abismales,
en el tacto que teje a los inviernos,
los segundos sofocan al ahora.
En el manto de fríos fantasmales,
en el suelo de trajes y de ternos
precipita, el espíritu evapora.
Dvaldés