Yo te prometo

penabad57

Poeta veterano en el portal
La otra realidad es una nube escarlata en un cielo rojo.

Yo soy el dibujante de la luna, el hermafrodita jinete
que cabalga un rastro invisible, la humareda que brota
bajo la nieve en un día claro.

Qué sincope el del robusto eje de las camelias,
el jardín huye, lo mismo que el ángel sin rodillas,
alzado con alas de oro y un nombre en las axilas.

El mundo vivido ya no existe, tu ropa huele a quietud,
el rodar de las calesas repica en el otoño
y tú suspiras como si el aire llevara cruces de amor en el silencio.

¿Por qué desprecias esta ciudad si te regaló islas rumorosas,
caléndulas azules, híspidos linces que solo acechan al azar?

Verás, nunca existió la mentira,
tampoco la memoria de los monjes
ni el lloro del niño,
ni la fuga del deseo en la almohada de esparto.

Yo doblo mi corazón y desnudo lo que dije,
la palabra es un monstruo blanco que busca el sin querer de tu cuerpo,
mi ángel creador escribe en tus hombros un latido de supervivencia,
lazos que caen de tus costillas, sin piel la ternura
que deposito en el seno de la raíz
que tanto amas cuando sueñas círculos y amapolas de plástico.

El frío llega tarde y la noria se amortaja
bajo un hielo exacto. Hay paredes de cristal
en los ojos que, únicamente, miran al interior de los abismos.

Yo te prometo otro lugar sin naufragios,
un amanecer de iris encendidos
en aquella orilla iluminada por tu sed,
en el sitio en que te entregué mi voz,
mi aliento y el gentil candado de la niebla
donde escondo tu sombra.
 
La otra realidad es una nube escarlata en un cielo rojo.

Yo soy el dibujante de la luna, el hermafrodita jinete
que cabalga un rastro invisible, la humareda que brota
bajo la nieve en un día claro.

Qué sincope el del robusto eje de las camelias,
el jardín huye, lo mismo que el ángel sin rodillas,
alzado con alas de oro y un nombre en las axilas.

El mundo vivido ya no existe, tu ropa huele a quietud,
el rodar de las calesas repica en el otoño
y tú suspiras como si el aire llevara cruces de amor en el silencio.

¿Por qué desprecias esta ciudad si te regaló islas rumorosas,
caléndulas azules, híspidos linces que solo acechan al azar?

Verás, nunca existió la mentira,
tampoco la memoria de los monjes
ni el lloro del niño,
ni la fuga del deseo en la almohada de esparto.

Yo doblo mi corazón y desnudo lo que dije,
la palabra es un monstruo blanco que busca el sin querer de tu cuerpo,
mi ángel creador escribe en tus hombros un latido de supervivencia,
lazos que caen de tus costillas, sin piel la ternura
que deposito en el seno de la raíz
que tanto amas cuando sueñas círculos y amapolas de plástico.

El frío llega tarde y la noria se amortaja
bajo un hielo exacto. Hay paredes de cristal
en los ojos que, únicamente, miran al interior de los abismos.

Yo te prometo otro lugar sin naufragios,
un amanecer de iris encendidos
en aquella orilla iluminada por tu sed,
en el sitio en que te entregué mi voz,
mi aliento y el gentil candado de la niebla
donde escondo tu sombra.

Otro lugar sin naufragios es posible, donde toda sed se vea satisfecha y las sombras no huyan de nosotros y los sueños no sean mero plástico.
Grandioso tu poema, me ha gustado mucho. Gracias y saludos.
 
La otra realidad es una nube escarlata en un cielo rojo.

Yo soy el dibujante de la luna, el hermafrodita jinete
que cabalga un rastro invisible, la humareda que brota
bajo la nieve en un día claro.

Qué sincope el del robusto eje de las camelias,
el jardín huye, lo mismo que el ángel sin rodillas,
alzado con alas de oro y un nombre en las axilas.

El mundo vivido ya no existe, tu ropa huele a quietud,
el rodar de las calesas repica en el otoño
y tú suspiras como si el aire llevara cruces de amor en el silencio.

¿Por qué desprecias esta ciudad si te regaló islas rumorosas,
caléndulas azules, híspidos linces que solo acechan al azar?

Verás, nunca existió la mentira,
tampoco la memoria de los monjes
ni el lloro del niño,
ni la fuga del deseo en la almohada de esparto.

Yo doblo mi corazón y desnudo lo que dije,
la palabra es un monstruo blanco que busca el sin querer de tu cuerpo,
mi ángel creador escribe en tus hombros un latido de supervivencia,
lazos que caen de tus costillas, sin piel la ternura
que deposito en el seno de la raíz
que tanto amas cuando sueñas círculos y amapolas de plástico.

El frío llega tarde y la noria se amortaja
bajo un hielo exacto. Hay paredes de cristal
en los ojos que, únicamente, miran al interior de los abismos.

Yo te prometo otro lugar sin naufragios,
un amanecer de iris encendidos
en aquella orilla iluminada por tu sed,
en el sitio en que te entregué mi voz,
mi aliento y el gentil candado de la niebla
donde escondo tu sombra.
Promesas que se anhela convertir en mágico presente.
Dulce poema y vehemente invitación.
Saludos
 

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