Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fuiste un anhelo,
el deseo incubado en noches de primavera.
Fuiste un sueño sosegado, plácido, de jardines y aguas,
de fuentes y estanques en que remojar las manos y refrescar la cara.
Fuiste noche de estrellas fugaces, para pedir deseos imposibles,
para susurrar a oscuras esas palabras que nacen del corazón.
Fuiste historia ya vivida y revivida por múltiples edades,
un transcurso que se repite,
que surge de pronto con sabores en los labios que nos son conocidos;
tiempos, eras en que nos hemos encontrado para ser amantes,
protagonistas de un querer predestinado.
Fuiste aliento para que de mi pecho salieran las palabras que te dan forma.
Fuiste barro que mis manos modelaron.
Fuiste, exististe cuando mi lengua pronunció tu nombre.
el deseo incubado en noches de primavera.
Fuiste un sueño sosegado, plácido, de jardines y aguas,
de fuentes y estanques en que remojar las manos y refrescar la cara.
Fuiste noche de estrellas fugaces, para pedir deseos imposibles,
para susurrar a oscuras esas palabras que nacen del corazón.
Fuiste historia ya vivida y revivida por múltiples edades,
un transcurso que se repite,
que surge de pronto con sabores en los labios que nos son conocidos;
tiempos, eras en que nos hemos encontrado para ser amantes,
protagonistas de un querer predestinado.
Fuiste aliento para que de mi pecho salieran las palabras que te dan forma.
Fuiste barro que mis manos modelaron.
Fuiste, exististe cuando mi lengua pronunció tu nombre.