HOMBRE-INSECTO
Qué esperabas de la vida, pobre insecto,
ni siquiera la bella iridiscencia de tus alas
te conforta.
Avanzas entre el humo y la palabra
y no suena en el paisaje
ni una nota.
Bella selva o bosque atroz
la orquídea ilumina el sol poniente
ascendiendo rayo arriba
como un neón ciudadano
como un vómito
o plañidera gaviota.
Han arriado ya los luminosos aledaños de la tarde
y se pregona la llegada de la noche como un cáncer
o una deslustrada invocación a no existir.
Señores con lánguido bigote
y amantes presurosas
ocupan las cofas para contemplar mejor las olas
mientras las sentinas se vacían
como los malos versos de amor.
Es la travesía de los insectos migrantes
luminosos en aquellas tardes cálidas
y en algunos orgasmos frustrados.
Qué esperabas, ciudadano de la noche
latido sin corazón ni eco.
Avanzas entre ácidas miradas y te pierdes en la sombra
ni siquiera contemplas la mujer que ampulosa se te ofrece
pidiendo a cambio una rosa.
Buscas refugio en el rencor o en el vacío que dejaste
mientras la calle se cierne sobre ti
y pregona tu fracaso.
La alada permanencia del recuerdo
yace en el fondo de tus ojos
no en el fondo insondable de tu alma
hombre-insecto
encendido resto
de una lumbre
que no fue...
Ilust.: “Metamorfosis”.-Juan Pérez Gaudio.
Qué esperabas de la vida, pobre insecto,
ni siquiera la bella iridiscencia de tus alas
te conforta.
Avanzas entre el humo y la palabra
y no suena en el paisaje
ni una nota.
Bella selva o bosque atroz
la orquídea ilumina el sol poniente
ascendiendo rayo arriba
como un neón ciudadano
como un vómito
o plañidera gaviota.
Han arriado ya los luminosos aledaños de la tarde
y se pregona la llegada de la noche como un cáncer
o una deslustrada invocación a no existir.
Señores con lánguido bigote
y amantes presurosas
ocupan las cofas para contemplar mejor las olas
mientras las sentinas se vacían
como los malos versos de amor.
Es la travesía de los insectos migrantes
luminosos en aquellas tardes cálidas
y en algunos orgasmos frustrados.
Qué esperabas, ciudadano de la noche
latido sin corazón ni eco.
Avanzas entre ácidas miradas y te pierdes en la sombra
ni siquiera contemplas la mujer que ampulosa se te ofrece
pidiendo a cambio una rosa.
Buscas refugio en el rencor o en el vacío que dejaste
mientras la calle se cierne sobre ti
y pregona tu fracaso.
La alada permanencia del recuerdo
yace en el fondo de tus ojos
no en el fondo insondable de tu alma
hombre-insecto
encendido resto
de una lumbre
que no fue...
Ilust.: “Metamorfosis”.-Juan Pérez Gaudio.