El amor
es esa idea extraña y vaga,
tonta y despreocupada,
aparentemente dormida
que de un momento a otro
nos invade y nos despoja.
Aniquila al vigía
apostado en la torre,
nubla el horizonte
y, desde entonces,
dilapida por cientos los días,
te abofetea entre rutinas
y te arrastra a su juego preferido
haciéndote creer para luego
reirse en tu cara.
A veces crea cadenas
de eslabones presos
a uniones inadecuadas;
sin dominados, sin sometidos,
sin válidos motivos
ni reacción, ni esperanza.
Adora la nula respuesta
de preguntas que rondan vacíos.
Es un suelo de cristales rotos
para sueños descalzos.
Un arreglo floral
para el sol y la arena.
Desdibujan sus trazos
la paz y la alegría,
tan duramente logradas.
Tan torpemente fingidas
Victimario por naturaleza.
Te arroja carnadas de ausencia,
de silencios que son convenidos.
Así, bebe la sangre
y escupe los huesos
mientras apunta sus ojos
a un nuevo objetivo.
Es ese el amor crudo
fruto del certero corte,
profuso, hondo y lento
sin disfraces
sin promesas.
ni atardeceres
ni suspiros.
pero, dulcemente agónico.
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