Colosal bienvenida en el puerto de Rodas,
cuerpo maldito seduciendo muertos.
Triunvirato piramidal, asombro de emirato,
me posiciono delante de tus ángulos perfectos.
Estoy ante las puertas de tus jardines flotantes,
delicioso pernil pernicioso.
Mausolo y Artemisa, mausoleo y premisa,
lascivias lenguas muertas de envidia.
Alejandría, puerto de luz, quién lo diría,
mercancías tranzas noche y día.
Muralla inexpugnable, larga e infranqueable,
rindiéndose finalmente ante mis hordas.
Atónito contemplo al Zeus de oro y marfil
celebrar su rigidez y adentrarse en el mar.
Vista privilegiada, siempre lista
a asestar el golpe en el registro ancestral.
Absurdas comparaciones, burdas.
Confusos nexos, sueños profusos.
Encadenados vestigios del pasado
vuelven para pactar cómo resuelven
esta pugna que apesta y repugna.
Ruego para que el fuego
arrase esta historia y cada frase.
Cada obra, cada piedra,
cada quimera, cada era,
de esta esfera que gira
y desde fuera mira
palidecer con tristeza,
a cada maravilla...
...ante tu belleza.