No dejes de buscarme amor,
no te canses, deja que de cuando
en cuando el viento me traiga tu grito.
Yo estoy al otro lado del azul,
nunca me he ido,
sigo en este lugar común,
donde las caracolas me susurran al oído,
los cantos de alba que he guardado
como trofeos para mis letras.
Esas letras que se entrelazan
entre papeles y teclados
y te llevan las golondrinas
como notas de amor,
desde el lugar de los poetas,
de los soñadores,
de los que guardan
las ilusiones en sus plumas
esperando ese abrazo
que siempre está en deuda.
Cuando el sueño rinda tus pestañas,
solo llámame y dejaré mi aliento
en tu boca y mi beso cariñoso
sobre tus mejillas.
Ana Mercedes Villalobos