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I

Dertodesking

Poeta recién llegado
Su mano nombró a los océanos;
no; solo usó tu existencia.

Sí; él compró mi esqueleto;
me otorgó una mente.

Y así empezó;
vuestra luz;
la mía;
todo...

Dijiste que si enterraba el pan...
Sí, mentiste a nuestros estómagos.

Lo escondí en su cavidad,
mas ya nada es lo mismo.

Mi pared se mece;
¿es una soga,
balancín,
tú, Sol?

Ese frío humano nos observaba;
pero me contemplé demasiado;
desde unos albores gametos,
hasta ese lugar bermejo.

Sola, se halla debajo;
dañada por ti…
Nuestra quimera:
¡expulsémosla!

Escupí los engaños junto a un cadáver,
y nuestras carnes podridas sonrieron.

Grité ante las corrientes eléctricas;
a lo más hondo de mis ser;
hacia un pecado inocente
bajo el ángel sombrío.

Y sus labios rojos
me maldijeron.

No;
Dios,
¿lo hiciste?

Él ha muerto;
su voz oscura;
su boca coral.

Nunca hemos sido nada;
su último adiós fue negado;
se quitó la vida mañana.

Ya solo quedan los edificios,
donde los arcángeles desolados
bailaban y reían en el ritual
que convocaba las puertas del paraíso.

 
Última edición:
Bienvenido, Dertodesking, buen inicio en el portal compartiendo sentires en esta composición que nos presentas como primicia y muestra de tu obra literaria y poética. Espero que disfrutes entre nosotros.

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Su mano nombró a los océanos;
no; solo usó tu existencia.

Sí; él compró mi esqueleto;
me otorgó una mente.

Y así empezó;
vuestra luz;
la mía;
todo...

Dijiste que si enterraba el pan;
sí; mentiste a nuestros estómagos.

Lo escondí en su cavidad,
mas ya nada es lo mismo.

Mi pared se mece;
¿es una soga,
balancín,
tú, Sol?

Esa fría mujer nos observaba;
pero me contemplé demasiado;
desde unos albores gametos,
hasta ese lugar bermejo.

Sola, se halla debajo;
dañada por ti;
nuestra quimera;
¡expulsémosla!

Escupí los engaños junto a un cadáver;
nuestras carnes putrefactas sonrieron.

Grité ante las corrientes eléctricas;
a los huesos de mis sentidos;
hacia un pecado inocente,
bajo el ángel sombrío.

Y sus labios rojos,
me maldijeron.

No;
Dios,
¿lo hiciste?

Ella ha muerto;
su voz de marfil;
su boca coral.

Nunca hemos sido nada;
su último adiós fue negado;
se quitó la vida mañana.

Ya solo quedan los edificios,
donde los arcángeles desolados
bailaban y reían en el ritual
que convocaba a las puertas del paraíso.
Una vision errante en esa medianoche que se escapa de los
acordes plenos de un tiempo final. el poema es intenso y
prima una hipnosis especial al leerlo. bellissimo.
saludos amables de luzyabsenta
 
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