Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tentado de sentarme a la orilla del camino,
de abandonar la marcha,
vaciar en las cunetas las ilusiones viejas,
aquellas que alimentaron los días de juventud.
Cansancio en el cuerpo y cansancio en el alma
y sin embargo el tiempo apremia
y no permite la vuelta atrás,
vienen los días empujando con afán de trascurrir,
pasar presurosos dejando huellas en el rostro,
dejando en el corazón sus posos.
Y uno se pregunta el por qué
y el para qué de tanto esfuerzo,
la razón de la congoja que ahora me acompaña,
aposentada en lo más profundo del corazón.
Ves cómo pasa la vida
y buscas la explicación de tu peregrinar.
Miras a los lados
y no hallas a quienes comenzaron contigo,
se fueron quedando en oscuras veredas,
en tristes y apagados senderos.
Tienta la tristeza, la rabia, el odio
y no hay palabras que combatan ante la desesperanza.
Al volver la cabeza,
te veo recorriendo el camino;
me miras, hija mía,
y entiendo el sentido de mi andadura
que no es otro que llevarte de la mano
hasta que tus pasos firmes y seguros
te permitan avanzar sola.
de abandonar la marcha,
vaciar en las cunetas las ilusiones viejas,
aquellas que alimentaron los días de juventud.
Cansancio en el cuerpo y cansancio en el alma
y sin embargo el tiempo apremia
y no permite la vuelta atrás,
vienen los días empujando con afán de trascurrir,
pasar presurosos dejando huellas en el rostro,
dejando en el corazón sus posos.
Y uno se pregunta el por qué
y el para qué de tanto esfuerzo,
la razón de la congoja que ahora me acompaña,
aposentada en lo más profundo del corazón.
Ves cómo pasa la vida
y buscas la explicación de tu peregrinar.
Miras a los lados
y no hallas a quienes comenzaron contigo,
se fueron quedando en oscuras veredas,
en tristes y apagados senderos.
Tienta la tristeza, la rabia, el odio
y no hay palabras que combatan ante la desesperanza.
Al volver la cabeza,
te veo recorriendo el camino;
me miras, hija mía,
y entiendo el sentido de mi andadura
que no es otro que llevarte de la mano
hasta que tus pasos firmes y seguros
te permitan avanzar sola.
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