Luis Libra
Atención: poeta en obras
`
Un a mí no me engañáis se balanceaba
sobre la tela de una araña...
Como la araña estaba muy dormida
no pudo evitar que diez a mí tampoco me engañáis
se balancearan sobre su linda tela de araña.
Cien a mí me engañáis menos todavía
se balanceaban al rato
sobre la tela de doña araña.
Como veían que aún no se caían
llamaron a otros mil a mí no me engañáis
para que se balancearan sobre la tela
de la misma araña.
Miles de a mí no me engañáis
corrieron a balancearse
sobre la tela de la alucinada araña.
La tela se empezó a resquebrajar,
pero como eran muy a mí no me engañáis
llamaron a un millón
de a mi no me engañáis más.
Millones de a mí no me engañáis
se dieron la ostia de su vida.
Y la araña, como era una araña
(y bastante darwinista ella)
se mudó al siguiente rincón de arañas;
tejió otra tela (tras reciclar la antigua),
se vacunó y, resignada y paciente,
esperó a una nueva tanda de supervisionarios.
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Un a mí no me engañáis se balanceaba
sobre la tela de una araña...
Como la araña estaba muy dormida
no pudo evitar que diez a mí tampoco me engañáis
se balancearan sobre su linda tela de araña.
Cien a mí me engañáis menos todavía
se balanceaban al rato
sobre la tela de doña araña.
Como veían que aún no se caían
llamaron a otros mil a mí no me engañáis
para que se balancearan sobre la tela
de la misma araña.
Miles de a mí no me engañáis
corrieron a balancearse
sobre la tela de la alucinada araña.
La tela se empezó a resquebrajar,
pero como eran muy a mí no me engañáis
llamaron a un millón
de a mi no me engañáis más.
Millones de a mí no me engañáis
se dieron la ostia de su vida.
Y la araña, como era una araña
(y bastante darwinista ella)
se mudó al siguiente rincón de arañas;
tejió otra tela (tras reciclar la antigua),
se vacunó y, resignada y paciente,
esperó a una nueva tanda de supervisionarios.
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