Luis Libra
Atención: poeta en obras
´
Hoy la penúltima nube tóxica dio un respiro.
Tararean los viejos melenudos:
"And the lights all went out in Massachusetts
the day I left her standing on her own"
Retumban las calles
en Míchigan, en Nevada, en Wisconsin,
en Georgia, en Texas, en Pennsylvania;
de Yellowstone al Colorado...
y en el resto de la antigua tierra de los indios
fuman en otra onda sus espíritus
la base psicotrópica del aire.
En California el dios del surf sopla
este alba fuerte las olas. En New York
pieles y sexos distintos nuevamente
festivos se sienten pulso de mayo,
jazz, rock... Rugen los timbales y bailan,
alzando sonrisas talla XL
entre los rascacielos a la luna.
Sueños como osos y arces gigantes
vuelven a agarrar duros bajo los pies,
vuelven a crecer, escapando del modo pause
desde la mugre del miedo. El arco iris
de la razón y la empatía luce sobre Washington
y se expande más allá. Mientras
un payaso maligno, sin gracia ninguna,
gruñe y patalea (o patalea y gruñe,
según se mire)
Y en otras estrellas,
-de donde son aquellos que ya no dicen
ni votan- por su invencible influjo,
hoy se emborrachan y felicitan.
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Hoy la penúltima nube tóxica dio un respiro.
Tararean los viejos melenudos:
"And the lights all went out in Massachusetts
the day I left her standing on her own"
Retumban las calles
en Míchigan, en Nevada, en Wisconsin,
en Georgia, en Texas, en Pennsylvania;
de Yellowstone al Colorado...
y en el resto de la antigua tierra de los indios
fuman en otra onda sus espíritus
la base psicotrópica del aire.
En California el dios del surf sopla
este alba fuerte las olas. En New York
pieles y sexos distintos nuevamente
festivos se sienten pulso de mayo,
jazz, rock... Rugen los timbales y bailan,
alzando sonrisas talla XL
entre los rascacielos a la luna.
Sueños como osos y arces gigantes
vuelven a agarrar duros bajo los pies,
vuelven a crecer, escapando del modo pause
desde la mugre del miedo. El arco iris
de la razón y la empatía luce sobre Washington
y se expande más allá. Mientras
un payaso maligno, sin gracia ninguna,
gruñe y patalea (o patalea y gruñe,
según se mire)
Y en otras estrellas,
-de donde son aquellos que ya no dicen
ni votan- por su invencible influjo,
hoy se emborrachan y felicitan.
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