DESDE UNA TARDE ABÚLICA
Desde una tarde abúlica
sostengo la luz
que arrebata la marcha
de las piedras tiradas al mar.
Las hojas hacen ruido en
los émbolos recién paridos
aquellos que sin freno
siguen
la mirada descolgada del mediodía.
Me jalo el pecho
cuando oigo
el trinar del
pájaro viudo
cuando
remilgo lo que sobra del silencio
y me hablo de ti
como si fueras un quejido
ambulando en mis costillas,
casi una isla donde mi piel
se pierde
sobre los chasquidos
de una ola imaginaria.
Dime,
Cómo entender el sonido
de un jueves que viene sin ti
o cómo hacer pequeños ruidos
en la alfombra
del rocío
donde has puesto
la respiración de las palabras.
Cuando los gorriones
alojan ecos en las ramas
se incrementa
la voz de la guitarra
y salta un pez de cristal
al borde de una risa
mínima como la sepia
de una esquina
reflejada en el sol.
Son estas líneas
pequeños
saltos en el filo nocturno,
pequeños ademanes
buscando la sombra
tan solo en ti reunida.
Eban