César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lentamente se va sumergiendo el domingo en el océano sin fondo de lo pasado, lo apenas vivido, disfrutado; lo sometido a olvido. La depredadora noche, con mirada inescrutable, anula la voluntad del día. Se alimenta de luz, ruidos… almas... un pedacito aquí, otro allá. Adormece a las criaturas (ojitos cándidos) con su canto sin melodías ni acordes. Y muerde otra semana de vida.
De que la carne sangre restada no se sienta, se encargará el reloj.
Sí, el despertador.
De que la carne sangre restada no se sienta, se encargará el reloj.
Sí, el despertador.
Última edición: