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penabad57

Poeta veterano en el portal
Una grieta tan honda como un surco sin voz,
ningún idioma conocido en la sima,
la lluvia de azufre,
los hongos de la luna creciendo como lámparas vegetales.

Quizá las alfombras vuelen sobre párpados viejos,
es posible un ojo grande en los vértices
con pestañas de púrpura inventada.

Si te miro en el cristal amanecen hojas sin color,
la raíz del viento no susurra, los adjetivos no articulan el sabor de las sílabas,
hay un caos diminuto en su vocación de hebras
que dibujan esquinas sin hambre.

Ampárame de la luz que ilumina mi cuerpo,
horóscopos de abril sin un sortilegio.

Las ciudades son cenizas de árboles caducos,
en mi vientre sudan narcisos que quieren espejos
donde el yo exista,
tócame,
huéleme,
óyeme,
aunque jamás parpadee mi nombre.

Habrá un lugar de hondos círculos,
laberinto de franjas azules y blancas,
deslízate hacia la llave del misterio,
gatos terribles maúllan,
lagartos viejos rompen a llorar en las crisálidas.

En el ombligo del espejo vive tu noche,
infíltrate, ataca con voracidad su silencio,
la geometría inventa suburbios,
callejones albinos, chimeneas que expulsan un humo inmortal,
en mi almanaque las rodillas se elevan
y un hombre nuevo atisba otra longitud,
un espacio onírico donde vivir en el lado de la sombra,
pues la aventura no es más que el trino insistente
de un pájaro ciego.
 
Última edición:
Las ciudades son cenizas de árboles caducos,
en mi vientre sudan narcisos que quieren espejos
donde el yo exista,
tócame,
huéleme,
óyeme,
aunque jamás parpadee mi nombre.

A veces necesitamos que un ser especial nos de entidad, un motivo que nos impulse a reconstruirnos.
Es una obra muy cuidadosa, como todas las tuyas, se requiere el cultivo del mundo interior para perderse en ella y encontrar significados múltiples, todos profundos.
Un abrazo.
 
Una grieta tan honda como un surco sin voz,
ningún idioma conocido en la sima,
la lluvia de azufre,
los hongos de la luna creciendo como lámparas vegetales.

Quizá las alfombras vuelen sobre párpados viejos,
es posible un ojo grande en los vértices
con pestañas de púrpura inventada.

Si te miro en el cristal amanecen hojas sin color,
la raíz del viento no susurra, los adjetivos no articulan el sabor de las sílabas,
hay un caos diminuto en su vocación de hebras
que dibujan esquinas sin hambre.

Ampárame de la luz que ilumina mi cuerpo,
horóscopos de abril sin un sortilegio.

Las ciudades son cenizas de árboles caducos,
en mi vientre sudan narcisos que quieren espejos
donde el yo exista,
tócame,
huéleme,
óyeme,
aunque jamás parpadee mi nombre.

Habrá un lugar de hondos círculos,
laberinto de franjas azules y blancas,
deslízate hacia la llave del misterio,
gatos terribles maúllan,
lagartos viejos rompen a llorar en las crisálidas.

En el ombligo del espejo vive tu noche,
infíltrate, ataca con voracidad su silencio,
la geometría inventa suburbios,
callejones albinos, chimeneas que expulsan un humo inmortal,
en mi almanaque las rodillas se elevan
y un hombre nuevo atisba otra longitud,
un espacio onírico donde vivir en el lado de la sombra,
pues la aventura no es más que el trino insistente
de un pájaro ciego.
Rumor entre esos angulos que entre catas de intimidad van
recogiendo como el surcado de instantes y lugares por anidar.
bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 
Una grieta tan honda como un surco sin voz,
ningún idioma conocido en la sima,
la lluvia de azufre,
los hongos de la luna creciendo como lámparas vegetales.

Quizá las alfombras vuelen sobre párpados viejos,
es posible un ojo grande en los vértices
con pestañas de púrpura inventada.

Si te miro en el cristal amanecen hojas sin color,
la raíz del viento no susurra, los adjetivos no articulan el sabor de las sílabas,
hay un caos diminuto en su vocación de hebras
que dibujan esquinas sin hambre.

Ampárame de la luz que ilumina mi cuerpo,
horóscopos de abril sin un sortilegio.

Las ciudades son cenizas de árboles caducos,
en mi vientre sudan narcisos que quieren espejos
donde el yo exista,
tócame,
huéleme,
óyeme,
aunque jamás parpadee mi nombre.

Habrá un lugar de hondos círculos,
laberinto de franjas azules y blancas,
deslízate hacia la llave del misterio,
gatos terribles maúllan,
lagartos viejos rompen a llorar en las crisálidas.

En el ombligo del espejo vive tu noche,
infíltrate, ataca con voracidad su silencio,
la geometría inventa suburbios,
callejones albinos, chimeneas que expulsan un humo inmortal,
en mi almanaque las rodillas se elevan
y un hombre nuevo atisba otra longitud,
un espacio onírico donde vivir en el lado de la sombra,
pues la aventura no es más que el trino insistente
de un pájaro ciego.
Buenas tardes
Unas lindas letras pones a mi entrada
Gracías
Un saludo
 

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