Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Regálame un crepúsculo en tu piel.
Ramillete de efluvios en tu boca
difumine barruntos de esas sombras
que anegan los caminos a tu edén.
Crisantemos de luz, en el envés
del cristal, se deshojen en la alcoba:
espléndida agonía de una aurora
convertida en febril atardecer.
Hagamos del crepúsculo ese cuenco
dónde vierta el amor su iridiscencia:
respirando en la atmósfera, disuelto,
matiz de ámbar, los poros de los cuerpos;
y te verás, mañana, sin sorpresa,
estar, en el crepúsculo…de vuelta.
Ramillete de efluvios en tu boca
difumine barruntos de esas sombras
que anegan los caminos a tu edén.
Crisantemos de luz, en el envés
del cristal, se deshojen en la alcoba:
espléndida agonía de una aurora
convertida en febril atardecer.
Hagamos del crepúsculo ese cuenco
dónde vierta el amor su iridiscencia:
respirando en la atmósfera, disuelto,
matiz de ámbar, los poros de los cuerpos;
y te verás, mañana, sin sorpresa,
estar, en el crepúsculo…de vuelta.
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