El vigilante

Luis Libra

Atención: poeta en obras
`
En aquellos días de vigilante
el corazón repartía sangre con la genial
exactitud de una máquina del futuro
prohibida por los incuestionables y decrépitos chefs
del lugar y el momento.

Noches de pladur, café y uralita,
otras de neón y decibelios cómplices,
en aquel reino de muertos vivientes
sabían a pócima amarga (elixir divino
de piratas kamikazes y contrabando)
junto a intermedios de cerveza rubia
de grifo y bourbon. Zonas eternas sin sol,
y entre las mugres de soledad y graffiti,
siempre alguna buena chica sin nombre,
guapa, enganchada y puta,
(en la mirada, una tormenta eléctrica
clavada hasta el tuétano de sus ojos)

Era la lírica del amor al desamor (o la épica de la cucaracha)
Y los versos, insultantemente torrenciales,
llovían ajenos a las leyes de la intransigencia
en versión punk&garage

"Cuando la vida es un himno no la estropees,
ya lo hará ella sola",
dijo el duende maligno y arrepentido
que esta medianoche agoniza
sobre la playa de un mar en bucle.

Y a ti, que sabes de qué va esto que digo,
te pregunto:
¿Saboreaste el silencio de aquellas avenidas vacías
a la hora que funden los relojes?,
¿te enrollaste con la luna sin tren de aterrizaje
y a vena descubierta?, ¿ordenaste a los peces
y a los grillos que nadaran y cantasen
para vosotros en aquel rincón privado de río
entre el tráfico infinito de la Urbe?

Y hoy la ciudad, con su alzheimer lógico,
el estadio recalificado y en ruinas
(como tu factoría de sueños),
el metro de la Plaza, que ya no huele a metro,
esas canciones, que ya no encienden nada;
la embrujada embajada filipina,
ahora hotel mil y una estrellas,
o aquella discoteca en el sótano de la memoria,
antiguo templo de aquel joven emperador
con camisa a rayas azules y blancas
(ahora en venta y liquidación
como nuestro vademécum de verdades-burbuja)

Luego el sol siguió cayendo,
cayendo,
y cayendo...

Y el vigilante que ayer contaba estrellas
hoy cuida sombras vía satélite y abre,
mecánicamente, la puerta del viejo casino
a cambio de generosas propinas
a elegantes dinosaurios:
crueles y encarnizados asesinos de grillos.


_______
 
Última edición:
No deja tu inspiración de revolotear por los caminos del realismo, amigo Luis, Leído y aplaudido.

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marami10.gif
 
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En aquellos días de vigilante
el corazón repartía sangre con la genial
exactitud de una máquina del futuro
prohibida por los incuestionables y decrépitos chefs
del lugar y el momento.

Noches de pladur, café y uralita,
otras de neón y decibelios cómplices,
en aquel reino de muertos vivientes
sabían a pócima amarga (elixir divino
de piratas kamikazes y contrabando)
junto a intermedios de cerveza rubia
de grifo y bourbon. Zonas eternas sin sol,
y entre las mugres de soledad y graffiti,
siempre alguna buena chica sin nombre,
guapa, enganchada y puta,
(en la mirada, una tormenta eléctrica
clavada hasta el tuétano de sus ojos)

Era la lírica del amor al desamor (o la épica de la cucaracha)
Y los versos, insultantemente torrenciales,
llovían ajenos a las leyes de la intransigencia
en versión punk & garage

"Cuando la vida es un himno no la estropees,
ya lo hará ella sola"
, dijo el duende maligno y arrepentido
que esta medianoche llora
sobre las aguas de un mar con artrosis.

Y a ti, que sabes de qué va esto que digo,
te pregunto:
¿Saboreaste la avenida vacía
y vestida del silencio más dulce
que jamás escucharás?,
¿te enrollaste con la luna sin tren de aterrizaje
y a vena descubierta?, ¿ordenaste a los peces
y a los grillos que nadaran y cantasen
para vosotros en aquel rincón privado de río
entre el tráfico infinito de la urbe?,
¿o quizás, te fumaste tu presente hasta escupir
los pulmones...?

Y hoy la ciudad, con su alzheimer lógico,
el estadio recalificado y en ruinas
(como tu factoría de sueños),
el metro de la Plaza, que ya no huele a metro,
esas canciones, que ya no dicen nada; la lúgubre
y crujiente embajada filipina
-ahora hotel mil y una estrellas-
o aquella discoteca en el sótano de la memoria,
antiguo templo de aquel joven emperador
con camisa a rayas azules y blancas,
ahora en venta y liquidación
como nuestro vademécum de verdades-burbuja.

Luego el sol siguió cayendo,
cayendo,
y cayendo...

Y el vigilante que ayer contaba estrellas,
hoy cuida sombras vía satélite y abre,
mecánicamente, la puerta del viejo casino
a cambio de generosas propinas
a elegantes dinosaurios:
crueles y encarnizados asesinos de grillos.

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En aquellos días de vigilante
el corazón repartía sangre con la genial
exactitud de una máquina del futuro
prohibida por los incuestionables y decrépitos chefs
del lugar y el momento.

Noches de pladur, café y uralita,
otras de neón y decibelios cómplices,
en aquel reino de muertos vivientes
sabían a pócima amarga (elixir divino
de piratas kamikazes y contrabando)
junto a intermedios de cerveza rubia
de grifo y bourbon. Zonas eternas sin sol,
y entre las mugres de soledad y graffiti,
siempre alguna buena chica sin nombre,
guapa, enganchada y puta,
(en la mirada, una tormenta eléctrica
clavada hasta el tuétano de sus ojos)

Era la lírica del amor al desamor (o la épica de la cucaracha)
Y los versos, insultantemente torrenciales,
llovían ajenos a las leyes de la intransigencia
en versión punk & garage

"Cuando la vida es un himno no la estropees,
ya lo hará ella sola"
, dijo el duende maligno y arrepentido
que esta medianoche llora
sobre las aguas de un mar con artrosis.

Y a ti, que sabes de qué va esto que digo,
te pregunto:
¿Saboreaste la avenida vacía
y vestida del silencio más dulce
que jamás escucharás?,
¿te enrollaste con la luna sin tren de aterrizaje
y a vena descubierta?, ¿ordenaste a los peces
y a los grillos que nadaran y cantasen
para vosotros en aquel rincón privado de río
entre el tráfico infinito de la urbe?,
¿o quizás, te fumaste tu presente hasta escupir
los pulmones...?

Y hoy la ciudad, con su alzheimer lógico,
el estadio recalificado y en ruinas
(como tu factoría de sueños),
el metro de la Plaza, que ya no huele a metro,
esas canciones, que ya no dicen nada; la lúgubre
y crujiente embajada filipina
-ahora hotel mil y una estrellas-
o aquella discoteca en el sótano de la memoria,
antiguo templo de aquel joven emperador
con camisa a rayas azules y blancas,
ahora en venta y liquidación
como nuestro vademécum de verdades-burbuja.

Luego el sol siguió cayendo,
cayendo,
y cayendo...

Y el vigilante que ayer contaba estrellas,
hoy cuida sombras vía satélite y abre,
mecánicamente, la puerta del viejo casino
a cambio de generosas propinas
a elegantes dinosaurios:
crueles y encarnizados asesinos de grillos.

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Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí, decía Monterroso. Pues es eso, señor Libra Luis, cambian los ojos y la manera de ver, pero el dinosaurio está siempre allí, incluso mientras envejecemos, incluso cuando estamos melancólicos, que es cuando lo vemos.

Un abrazo, vejestorio jajajajjajaja...
 
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí, decía Monterroso. Pues es eso, señor Libra Luis, cambian los ojos y la manera de ver, pero el dinosaurio está siempre allí, incluso mientras envejecemos, incluso cuando estamos melancólicos, que es cuando lo vemos.

Un abrazo, vejestorio jajajajjajaja...


Sí, ciertamente los dinosaurios nos acompañan toda la vida. Buen comentario, Vicente.

Muchas gracias y otro abrazo de vuelta, jovenzuelo :D
 
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En aquellos días de vigilante
el corazón repartía sangre con la genial
exactitud de una máquina del futuro
prohibida por los incuestionables y decrépitos chefs
del lugar y el momento.

Noches de pladur, café y uralita,
otras de neón y decibelios cómplices,
en aquel reino de muertos vivientes
sabían a pócima amarga (elixir divino
de piratas kamikazes y contrabando)
junto a intermedios de cerveza rubia
de grifo y bourbon. Zonas eternas sin sol,
y entre las mugres de soledad y graffiti,
siempre alguna buena chica sin nombre,
guapa, enganchada y puta,
(en la mirada, una tormenta eléctrica
clavada hasta el tuétano de sus ojos)

Era la lírica del amor al desamor (o la épica de la cucaracha)
Y los versos, insultantemente torrenciales,
llovían ajenos a las leyes de la intransigencia
en versión punk&garage

"Cuando la vida es un himno no la estropees,
ya lo hará ella sola"
,
dijo el duende maligno y arrepentido
que esta medianoche agoniza
sobre la playa de un mar en bucle.

Y a ti, que sabes de qué va esto que digo,
te pregunto:
¿Saboreaste el silencio de aquellas avenidas vacías
a la hora que funden los relojes?,
¿te enrollaste con la luna sin tren de aterrizaje
y a vena descubierta?, ¿ordenaste a los peces
y a los grillos que nadaran y cantasen
para vosotros en aquel rincón privado de río
entre el tráfico infinito de la Urbe?

Y hoy la ciudad, con su alzheimer lógico,
el estadio recalificado y en ruinas
(como tu factoría de sueños),
el metro de la Plaza, que ya no huele a metro,
esas canciones, que ya no dicen nada;
la embrujada embajada filipina,
ahora hotel mil y una estrellas,
o aquella discoteca en el sótano de la memoria
-antiguo templo de aquel joven emperador
con camisa a rayas azules y blancas,
ahora en venta y liquidación
como nuestro vademécum de verdades-burbuja-

Luego el sol siguió cayendo,
cayendo,
y cayendo...

Y el vigilante que ayer contaba estrellas,
hoy cuida sombras vía satélite y abre,
mecánicamente, la puerta del viejo casino
a cambio de generosas propinas
a elegantes dinosaurios:
crueles y encarnizados asesinos de grillos.

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Es casi como leer un fósil de época dorada de la Movida. Pero es más una confesión, arriesgada de tan sincera. Y quizás las esquinas cómplices, las estaciones del subte y los locales ruidosos de las papelinas tengan ataques de amnesia posmoderna, pero aquella persona interpelada que tiene que recordar, sin duda recuerda. Pero acaso recuerda igual que tú: un recuerdo tantas veces recordado que ya no es ni gozo ni dolor, sino un mito. El pasado para que no pase tiene que ser mitificado, por no decir romantizado, en el mejor de los sentidos, si acaso alguna vez el romanticismo lo tuvo.
Este es un poema invaluable, estupendo. Tiene tu yo contestatario, obvio, que para tus lectores es tu mejor yo, pero ahí están los grillos que ya ni de broma saltan en tus poemas de escarnio universal. Pero me obliga a imaginar cómo escribía el Luis Libra de los ochentas y noventas, si acaso le quedaba media hora libre para escribir. Libra, libre de dinosaurios.
Me encanta suponerte bailando bajo la lluvia de clichés, ja, ja, de la mano de tú sabes quién, quiénes y a qué horas. La realidad también es ficción en tanto podamos recordarla tal y como nos la inventamos.
Ánimo, mi cuate.
 
Última edición:
Es casi como leer un fósil de época dorada de la Movida. Pero es más una confesión, arriesgada de tan sincera. Y quizás las esquinas cómplices, las estaciones del subte y los locales ruidosos de las papelinas tengan ataques de amnesia posmoderna, pero aquella persona interpelada que tiene que recordar, sin duda recuerda. Pero acaso recuerda igual que tú: un recuerdo tantas veces recordado que ya no es ni gozo ni dolor, sino un mito. El pasado para que no pase tiene que ser mitificado, por no decir romantizado, en el mejor de los sentidos, si acaso alguna vez el romanticismo lo tuvo.
Este es un poema invaluable, estupendo. Tiene tu yo contestatario, obvio, que para tus lectores es tu mejor yo, pero ahí están los grillos que ya ni de broma saltan en tus poemas de escarnio universal. Pero me obliga a imaginar cómo escribía el Luis Libra de los ochentas y noventas, si acaso le quedaba media hora libre para escribir. Libra, libre de dinosaurios.
Me encanta suponerte bailando bajo la lluvia de clichés, ja, ja, de la mano de tú sabes quién, quiénes y a qué horas. La realidad también es ficción en tanto podamos recordarla tal y como nos la inventamos.
Ánimo, mi cuate.

Sí, la verdad es que es un poco ambas cosas: un fósil de la Movida (coincidió en tiempo con el final de esa época) y una pequeña confesión. Y de acuerdo contigo nuevamente mi bróder sobre la ficción de la realidad. Diría que todo tiempo pasado al ser recordado con el paso de los años (y las décadas :)) se transforma (la transformamos) en ficción inventada, romantizada y reeditada de la realidad, y como lo normal es que nadie venga a rebatirnos la historia pues ahí queda para nuestra leyenda urbana personal, o para futuras batallitas que contar a posibles nietos, jeje.
Mejor que sea así, ... la realidad verdadera siempre tiene su parte cuanto menos indigesta...
Y bueno, el poeta, vigilante, melómano (del pop-rock ochentero), loco sin causa ni cura y a ratos adorable :cool: Luis Libra de los 90 escribía incluso peor de lo que lo hace ahora, el muy cabrón rimaba, y su poesía (impregnada de efluvios becquerianos, hernandianos y de los Secretos) solo encontraba su razón de ser y su power las noches de domingo y resaca que no tocaba servicio de vigilancia en alguna vieja embajada embrujada y en ruinas en el centro de Madrid (un día escribiré sobre ello) o en algún antro que albergaba a los últimos borrachos que aún quedaban en pie del fin de semana...
Se te quiere, carnalito. Un abrazo grande hasta allá.
 
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En aquellos días de vigilante
el corazón repartía sangre con la genial
exactitud de una máquina del futuro
prohibida por los incuestionables y decrépitos chefs
del lugar y el momento.

Noches de pladur, café y uralita,
otras de neón y decibelios cómplices,
en aquel reino de muertos vivientes
sabían a pócima amarga (elixir divino
de piratas kamikazes y contrabando)
junto a intermedios de cerveza rubia
de grifo y bourbon. Zonas eternas sin sol,
y entre las mugres de soledad y graffiti,
siempre alguna buena chica sin nombre,
guapa, enganchada y puta,
(en la mirada, una tormenta eléctrica
clavada hasta el tuétano de sus ojos)

Era la lírica del amor al desamor (o la épica de la cucaracha)
Y los versos, insultantemente torrenciales,
llovían ajenos a las leyes de la intransigencia
en versión punk&garage


"Cuando la vida es un himno no la estropees,
ya lo hará ella sola",
dijo el duende maligno y arrepentido
que esta medianoche agoniza
sobre la playa de un mar en bucle.

Y a ti, que sabes de qué va esto que digo,
te pregunto:
¿Saboreaste el silencio de aquellas avenidas vacías
a la hora que funden los relojes?,
¿te enrollaste con la luna sin tren de aterrizaje
y a vena descubierta?, ¿ordenaste a los peces
y a los grillos que nadaran y cantasen
para vosotros en aquel rincón privado de río
entre el tráfico infinito de la Urbe?

Y hoy la ciudad, con su alzheimer lógico,
el estadio recalificado y en ruinas
(como tu factoría de sueños),
el metro de la Plaza, que ya no huele a metro,
esas canciones, que ya no encienden nada;
la embrujada embajada filipina,
ahora hotel mil y una estrellas,
o aquella discoteca en el sótano de la memoria,
antiguo templo de aquel joven emperador
con camisa a rayas azules y blancas
(ahora en venta y liquidación
como nuestro vademécum de verdades-burbuja)

Luego el sol siguió cayendo,
cayendo,
y cayendo...

Y el vigilante que ayer contaba estrellas
hoy cuida sombras vía satélite y abre,
mecánicamente, la puerta del viejo casino
a cambio de generosas propinas
a elegantes dinosaurios:
crueles y encarnizados asesinos de grillos.


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"Luego el sol siguió cayendo,
cayendo,
y cayendo..."
Fíjate todo lo que puede imaginar uno con esos versitos que me llevo,
muy bueno todo el poema.
Igual no te gusta la canción que elegí para el vigilante, pero el Loquillo,
Jaime Gil de Biedma y Luis Libra no es poca cosa ;) Un beso


 
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En aquellos días de vigilante
el corazón repartía sangre con la genial
exactitud de una máquina del futuro
prohibida por los incuestionables y decrépitos chefs
del lugar y el momento.

Noches de pladur, café y uralita,
otras de neón y decibelios cómplices,
en aquel reino de muertos vivientes
sabían a pócima amarga (elixir divino
de piratas kamikazes y contrabando)
junto a intermedios de cerveza rubia
de grifo y bourbon. Zonas eternas sin sol,
y entre las mugres de soledad y graffiti,
siempre alguna buena chica sin nombre,
guapa, enganchada y puta,
(en la mirada, una tormenta eléctrica
clavada hasta el tuétano de sus ojos)

Era la lírica del amor al desamor (o la épica de la cucaracha)
Y los versos, insultantemente torrenciales,
llovían ajenos a las leyes de la intransigencia
en versión punk&garage


"Cuando la vida es un himno no la estropees,
ya lo hará ella sola",
dijo el duende maligno y arrepentido
que esta medianoche agoniza
sobre la playa de un mar en bucle.

Y a ti, que sabes de qué va esto que digo,
te pregunto:
¿Saboreaste el silencio de aquellas avenidas vacías
a la hora que funden los relojes?,
¿te enrollaste con la luna sin tren de aterrizaje
y a vena descubierta?, ¿ordenaste a los peces
y a los grillos que nadaran y cantasen
para vosotros en aquel rincón privado de río
entre el tráfico infinito de la Urbe?

Y hoy la ciudad, con su alzheimer lógico,
el estadio recalificado y en ruinas
(como tu factoría de sueños),
el metro de la Plaza, que ya no huele a metro,
esas canciones, que ya no encienden nada;
la embrujada embajada filipina,
ahora hotel mil y una estrellas,
o aquella discoteca en el sótano de la memoria,
antiguo templo de aquel joven emperador
con camisa a rayas azules y blancas
(ahora en venta y liquidación
como nuestro vademécum de verdades-burbuja)

Luego el sol siguió cayendo,
cayendo,
y cayendo...

Y el vigilante que ayer contaba estrellas
hoy cuida sombras vía satélite y abre,
mecánicamente, la puerta del viejo casino
a cambio de generosas propinas
a elegantes dinosaurios:
crueles y encarnizados asesinos de grillos.


_______
El sol sigue cayendo sin cesar, la inexorable caída de un mundo que se vuelve cada vez más artificial.

Saludos
 
"Luego el sol siguió cayendo,
cayendo,
y cayendo..."
Fíjate todo lo que puede imaginar uno con esos versitos que me llevo,
muy bueno todo el poema.
Igual no te gusta la canción que elegí para el vigilante, pero el Loquillo,
Jaime Gil de Biedma y Luis Libra no es poca cosa ;) Un beso



Ya había escuchado este tema, y me parece que has elegido de puta madre ;)
También me alegra que te gustara este poema, está basado en hechos muy reales, fui vigilante cuando tenía veintitantos, y trabajar de noche tenía su aquel (aunque no tenía nada que ver trabajar en empresas o en sitios de ocio). Muchas gracias por el rescate poético :)
Un besito, compi.
 
El sol sigue cayendo sin cesar, la inexorable caída de un mundo que se vuelve cada vez más artificial.

Saludos

Bueno, en realidad el mundo humano nunca ha dejado de volverse cada vez más artificial, sí es cierto que cada vez lo hace a mayor velocidad. No sería un problema si no olvidásemos que seguimos siendo humanos y siempre nos necesitaremos mutuamente, por mucho que disfrutemos de nuestra individualidad y espacios íntimos.

Gracias, Alde. Saludos de vuelta.
 

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