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Un día de marzo

penabad57

Poeta veterano en el portal
Ella no reconoce los nombres. Nadie entró,
ni el color ni la noche.

Ya sé, tu voz llega como un río.
Ya sé qué pupilas son opacas
como un cofre o un silencio de agujas.

La ciudad viste esqueletos,
conserva el algodón intacto de los paisajes,
robustos edificios, naves sin memoria,
infinitos océanos de grava
me visitan.

Reconozco mi virginidad, la dama en su teatro,
los naranjos prendidos al duende,
ese redil donde los monstruos agigantan sus miedos.

Toma este libro absorto de signos,
mi cuerpo es derrotado por los túneles
(siente por una vez la quemazón de los intestinos,
su refugio, su hampa descarnada).

No soy el mago ilustrado,
me equivoco de plaza, no sigo a los vientos del descubridor
-y es que sólo te amo a ti, a tu vendaval,
al circulo que traza tu cadera de tormenta
y halcones-.

Aquí no está tu país, las vacas de látex,
el diamante de las ametralladoras
no recuerdan tu paso.

Invaden los cajeros ruecas verticales y juegan al pentagrama
absortos de dorados y largos abrazos de cartón.
Creo que es un día de Marzo. Creo que estoy vivo.
 
Ella no reconoce los nombres. Nadie entró,
ni el color ni la noche.

Ya sé, tu voz llega como un río.
Ya sé qué pupilas son opacas
como un cofre o un silencio de agujas.

La ciudad viste esqueletos,
conserva el algodón intacto de los paisajes,
robustos edificios, naves sin memoria,
infinitos océanos de grava
me visitan.

Reconozco mi virginidad, la dama en su teatro,
los naranjos prendidos al duende,
ese redil donde los monstruos agigantan sus miedos.

Toma este libro absorto de signos,
mi cuerpo es derrotado por los túneles
(siente por una vez la quemazón de los intestinos,
su refugio, su hampa descarnada).

No soy el mago ilustrado,
me equivoco de plaza, no sigo a los vientos del descubridor
-y es que sólo te amo a ti, a tu vendaval,
al circulo que traza tu cadera de tormenta
y halcones-.

Aquí no está tu país, las vacas de látex,
el diamante de las ametralladoras
no recuerdan tu paso.

Invaden los cajeros ruecas verticales y juegan al pentagrama
absortos de dorados y largos abrazos de cartón.
Creo que es un día de Marzo. Creo que estoy vivo.
Ya me imagino lo bien que podrías personalizar los otros once meses.
Un abrazo, Ramón.
 
Ella no reconoce los nombres. Nadie entró,
ni el color ni la noche.

Ya sé, tu voz llega como un río.
Ya sé qué pupilas son opacas
como un cofre o un silencio de agujas.

La ciudad viste esqueletos,
conserva el algodón intacto de los paisajes,
robustos edificios, naves sin memoria,
infinitos océanos de grava
me visitan.

Reconozco mi virginidad, la dama en su teatro,
los naranjos prendidos al duende,
ese redil donde los monstruos agigantan sus miedos.

Toma este libro absorto de signos,
mi cuerpo es derrotado por los túneles
(siente por una vez la quemazón de los intestinos,
su refugio, su hampa descarnada).

No soy el mago ilustrado,
me equivoco de plaza, no sigo a los vientos del descubridor
-y es que sólo te amo a ti, a tu vendaval,
al circulo que traza tu cadera de tormenta
y halcones-.

Aquí no está tu país, las vacas de látex,
el diamante de las ametralladoras
no recuerdan tu paso.

Invaden los cajeros ruecas verticales y juegan al pentagrama
absortos de dorados y largos abrazos de cartón.
Creo que es un día de Marzo. Creo que estoy vivo.


Marzo es el portal que abre otoños y primaveras, es un mes en el que quienes hacemos poesía vemos prendidas todas las luces de la inspiración. Creo que todo lo que cae en el mundo de tu pluma sale con belleza renovada.
Un abrazo.
 
Ella no reconoce los nombres. Nadie entró,
ni el color ni la noche.

Ya sé, tu voz llega como un río.
Ya sé qué pupilas son opacas
como un cofre o un silencio de agujas.

La ciudad viste esqueletos,
conserva el algodón intacto de los paisajes,
robustos edificios, naves sin memoria,
infinitos océanos de grava
me visitan.

Reconozco mi virginidad, la dama en su teatro,
los naranjos prendidos al duende,
ese redil donde los monstruos agigantan sus miedos.

Toma este libro absorto de signos,
mi cuerpo es derrotado por los túneles
(siente por una vez la quemazón de los intestinos,
su refugio, su hampa descarnada).

No soy el mago ilustrado,
me equivoco de plaza, no sigo a los vientos del descubridor
-y es que sólo te amo a ti, a tu vendaval,
al circulo que traza tu cadera de tormenta
y halcones-.

Aquí no está tu país, las vacas de látex,
el diamante de las ametralladoras
no recuerdan tu paso.

Invaden los cajeros ruecas verticales y juegan al pentagrama
absortos de dorados y largos abrazos de cartón.
Creo que es un día de Marzo. Creo que estoy vivo.

Estás más que vivo querido Penabad, aún cuando el día no tenga su mejor devolución, te las arreglas para respirar y decir ese te amo tan contundente y definitivo.

Bello versar!!!
Un abrazo!
Camelia
 

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