Luis Libra
Atención: poeta en obras
`
Escribía en un foro de poesía de internet
dirigido por un reyezuelo
limitado en dotes artísticas.
Dicho monarca suplía su déficit
con cataratas de verborrea
y teorías aburridas,
imprescindibles, según él, para aprender
a escribir la poesía de los dioses.
Lógicamente, tras unos cuantos desencuentros,
censuras y agruras varias
aquel diosecillo terrenal y sabelotodo
me expulsó de su paraíso,
(ciertamente tardó mucho)
Ese día me tomé una cerveza más
de las habituales a su salud
y debido a mi pasajera pena.
¡Qué triste!, vagar ahora
por los reinos menores y desérticos
del verso incomprendido,
a través de las sucias trincheras de la gloria.
El Stalin, el Mussolini, el Hitler poético
me había enviado con un toque de tecla
de un ordenador a los infiernos del anonimato
y del olvido.
-ya ardía de solo pensarlo-
¡Qué será ahora de mí!
¿En qué mísero solar,
en qué oscura cueva yacerán
mañana mis pobres versos?
Pensé por un momento montar un foro
para hacerle la competencia,
pero lo desestimé rápidamente;
y es que jamás un poeta
que se valore un mínimo
montaría un jodido foro de poesía
para que algún cabrón le toque los egos
a las primeras de cambio.
Gracias al puto capitalismo
y al libre mercado
rápido encontré otro foro de poesía
para dedicar un entrañable poema
de un triste poeta a otro triste poeta
enfrentados en el Olimpo de la mediocridad
y las alucinaciones multimétricas.
_____
Escribía en un foro de poesía de internet
dirigido por un reyezuelo
limitado en dotes artísticas.
Dicho monarca suplía su déficit
con cataratas de verborrea
y teorías aburridas,
imprescindibles, según él, para aprender
a escribir la poesía de los dioses.
Lógicamente, tras unos cuantos desencuentros,
censuras y agruras varias
aquel diosecillo terrenal y sabelotodo
me expulsó de su paraíso,
(ciertamente tardó mucho)
Ese día me tomé una cerveza más
de las habituales a su salud
y debido a mi pasajera pena.
¡Qué triste!, vagar ahora
por los reinos menores y desérticos
del verso incomprendido,
a través de las sucias trincheras de la gloria.
El Stalin, el Mussolini, el Hitler poético
me había enviado con un toque de tecla
de un ordenador a los infiernos del anonimato
y del olvido.
-ya ardía de solo pensarlo-
¡Qué será ahora de mí!
¿En qué mísero solar,
en qué oscura cueva yacerán
mañana mis pobres versos?
Pensé por un momento montar un foro
para hacerle la competencia,
pero lo desestimé rápidamente;
y es que jamás un poeta
que se valore un mínimo
montaría un jodido foro de poesía
para que algún cabrón le toque los egos
a las primeras de cambio.
Gracias al puto capitalismo
y al libre mercado
rápido encontré otro foro de poesía
para dedicar un entrañable poema
de un triste poeta a otro triste poeta
enfrentados en el Olimpo de la mediocridad
y las alucinaciones multimétricas.
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