Tápenle los ojos a Blancanieves

Arturo Ciorán

Poeta recién llegado
Baño al perro en la ducha
y para ello debo encorvarme
y sufrir porque me duele la espalda,
y no sé si tenga una hernia discal
o un pinzamiento en la espina lumbar,
y todavía estoy lejos de los treinta.
Encima he de luchar con él
porque le gusta estar mugriento,
y los ojos se me llenan de lágrimas
porque se siente como un cuchillo filetero
incrustado encima del culo.

Y cuando me arrellano en el sofá,
viene él todo pomposo y perfumado
y me manipula
con los ojos brillosos
y coloca una pata en mi muslo
porque quiere salir.
Entonces lo saco, paseamos por el barrio
donde antaño lincharon, degollaron
y carbonizaron a un barrabrava
en un contenedor de basura
y llegamos a la zona parquizada
de una autopista.

Lo suelto, corre por el prado
y a los minutos se revuelca entre la hierba.
Me acerco y veo pelusas y huesos
de algún cuadrúpedo
desperdigados en el suelo.
Y así me vienen reminiscencias
de otros paseos donde sorteábamos
cadáveres de palomas, perros aplastados
y gatos dilacerados por una jauría.
Y yo debía forcejear con él para no verlo
sobre esas bestias putrefactas
y me enrollaba la cadena en la mano
y una vez casi me comprometo un tendón.

El municipio solo se preocupa por
la limpieza de las avenidas más ostensibles
de la capital
y, por eso, estos parques periféricos
se convirtieron en vertederos
y en cementerios de animales.
¡Tápenle los ojos a Blancanieves!,
¡que no vea!
¡NOOO!
se desmayó.
¿Vio, señor intendente?
Ahora votaremos al candidato de la oposición,
el de los nexos con los liberales de Buenos Aires,
los que prometieron eliminar indemnizaciones
por despidos,
los mismos que transan
con el mercado financiero internacional,
y ya no solo tendremos animales muertos
en las calles,
sino también trabajadores
convertidos en occisos por la represión policial
e indigentes víctimas de inanición.

Durante el camino a casa, al perro
no se le siente el hedor.
Pero cuando lleguemos, de pronto
se percibirá una explosión fétida,
como si fuera un arma biológica,
como el Agente Naranja
o esas bombas arrojadas en Damasco,
y deberé bañarlo otra vez
y hacerme adicto al diclofenaco
así no me duele más la espalda
y seguro se me hará un agujero
en el sistema digestivo
y caeré muerto en la calle
junto con mi perro,
porque no tendrá quien le dé de comer
y algún boludo distraído
soltará a su mascota
y se revolcará sobre nosotros.

Y llegada la madrugada, un rejunte de beodos
paridos por pequeñoburgueses
irá sobre la pickup de papá
y arrollarán a algún perro callejero
y lo echarán en el camposanto público
del lateral de la autopista.
 
Última edición:
Baño al perro en la ducha
y para ello debo encorvarme
y sufrir porque me duele la espalda,
y no sé si tenga una hernia discal
o un pinzamiento en la espina lumbar,
y todavía estoy lejos de los treinta.
Encima he de luchar con él
porque le gusta estar mugriento,
y los ojos se me llenan de lágrimas
porque se siente como un cuchillo filetero
incrustado encima del culo.

Y cuando me arrellano en el sofá,
viene él todo pomposo y perfumado
y me manipula
con los ojos brillosos
y coloca una pata en mi muslo
porque quiere salir.
Entonces lo saco, paseamos por el barrio
donde antaño lincharon, degollaron
y carbonizaron a un barrabrava
en un contenedor de basura
y llegamos a la zona parquizada
de una autopista.

Lo suelto, corre por el prado
y a los minutos se revuelca entre la hierba.
Me acerco y veo pelusas y huesos
de algún cuadrúpedo
desperdigados en el suelo.
Y así me vienen reminiscencias
de otros paseos donde sorteábamos
cadáveres de palomas, perros aplastados
y gatos dilacerados por una jauría.
Y yo debía forcejear con él para no verlo
sobre esas bestias putrefactas
y me enrollaba la cadena en la mano
y una vez casi me comprometo un tendón.

El municipio solo se preocupa por
la limpieza de las avenidas más ostensibles
de la capital
y, por eso, estos parques periféricos
se convirtieron en vertederos
y en cementerios de animales.
¡Tápenle los ojos a Blancanieves!,
¡que no vea!
¡NOOO!
se desmayó.
¿Vio, señor intendente?
Ahora votaremos al candidato de la oposición,
el de los nexos con los liberales de Buenos Aires,
los que prometieron eliminar indemnizaciones
por despidos,
los mismos que transan
con el mercado financiero internacional,
y ya no solo tendremos animales muertos
en las calles,
sino también trabajadores
convertidos en occisos por la represión policial
e indigentes víctimas de inanición.

Durante el camino a casa, al perro
no se le siente el hedor.
Pero cuando lleguemos, de pronto
se percibirá una explosión fétida,
como si fuera un arma biológica,
como el Agente Naranja
o esas bombas arrojadas en Damasco,
y deberé bañarlo otra vez
y hacerme adicto al diclofenaco
así no me duele más la espalda
y seguro se me hará un agujero
en el sistema digestivo
y caeré muerto en la calle
junto con mi perro,
porque no tendrá quien le dé de comer
y algún boludo distraído
soltará a su mascota
y se revolcará sobre nosotros.

Y llegada la madrugada, un rejunte de beodos
paridos por pequeñoburgueses
irá sobre la pickup de papá
y arrollarán a algún perro callejero
y lo echarán en el camposanto público
del lateral de la autopista.
báñalo afuera con la manguera y listo... esta haciendo calor y así no llena el baño de pelos :D Con respecto al gobierno, bueno compañero... en parte tenemos lo que merecemos somos argentinos y claro los políticos lo son aun más. :D que pena...
muy entretenida estuvo la lectura.
un abrazo.
 
báñalo afuera con la manguera y listo... esta haciendo calor y así no llena el baño de pelos :D Con respecto al gobierno, bueno compañero... en parte tenemos lo que merecemos somos argentinos y claro los políticos lo son aun más. :D que pena...
muy entretenida estuvo la lectura.
un abrazo.
Lo bañaría en un patio si no fuera que vivo en un tercer piso, jaja. Y sí, los funcionaros locales tienen la sana costumbre de gobernar como si estuvieran 4 años en campaña, haciendo ínfimas cosas que se vean en lugares concurridos.
Gracias por la visita
 

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