Hay segundos, interregnos de tiempo,
en que el corazón se abre a la luz.
Quiero conversar con tu nombre,
quiero que las lenguas se rocen como amapolas vírgenes,
quiero que los ojos se confundan con el mapa de la verdad
y hablen la herida, el rencor o los recuerdos.
Un diálogo en la sombra, con voces como eclipses,
pero que sea fuerte el susurro
y nos acerque como vientos contrarios
que al fin habitan la misma nube.
Que la soledad se vista en otros vientres
y nos una la canción olvidada
en los bajos de aquel bar de suburbio.
Tú me dirás que rompí los naipes del amor
con un secreto desdén de palomas ciegas.
Yo reconoceré tu furia contenida en los años
como un río amargo en híbridas noches
de desencuentro.
Hay árboles que reverdecen en los límites de su estación,
raíces bajo la escarcha que agrietan los hielos de la distancia.
Es un retorno esta paz muda de sexos que vuelven a ser un éxtasis en flor.
en que el corazón se abre a la luz.
Quiero conversar con tu nombre,
quiero que las lenguas se rocen como amapolas vírgenes,
quiero que los ojos se confundan con el mapa de la verdad
y hablen la herida, el rencor o los recuerdos.
Un diálogo en la sombra, con voces como eclipses,
pero que sea fuerte el susurro
y nos acerque como vientos contrarios
que al fin habitan la misma nube.
Que la soledad se vista en otros vientres
y nos una la canción olvidada
en los bajos de aquel bar de suburbio.
Tú me dirás que rompí los naipes del amor
con un secreto desdén de palomas ciegas.
Yo reconoceré tu furia contenida en los años
como un río amargo en híbridas noches
de desencuentro.
Hay árboles que reverdecen en los límites de su estación,
raíces bajo la escarcha que agrietan los hielos de la distancia.
Es un retorno esta paz muda de sexos que vuelven a ser un éxtasis en flor.
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