MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desde el borde,
hacia los truenos.
Empapados yacíamos.
Perplejos.
Infantiles.
Ya no fue la fatiga.
Ya no fue aquel cansancio.
Porque nos vimos ciertos.
Y más que ciertos,
siendo,
y nada más que aliento,
viento.
Esta vez no preguntamos
por los que se quedaron
en la vías,
esperando un detalle,
una alcancía,
un mundo cierto y a la mano
del cuervo que se devora la valía.
Esta vez nos callamos,
sin perder la memoria.
Todo nos une y nos trasciende.
Sólo presente puedo darte.
La espuma sube por la cañada.
El carcelero derribó mi tienda,
Pero nunca me vio.
Ahora soy forastero
Y cuento estrellas
cuando duermo.
El universo es mi morada.
Ya se anuncia el otoño
en el poniente.
Princesita de oriente:
Aquí la gente muere
sin saber abrazar.
hacia los truenos.
Empapados yacíamos.
Perplejos.
Infantiles.
Ya no fue la fatiga.
Ya no fue aquel cansancio.
Porque nos vimos ciertos.
Y más que ciertos,
siendo,
y nada más que aliento,
viento.
Esta vez no preguntamos
por los que se quedaron
en la vías,
esperando un detalle,
una alcancía,
un mundo cierto y a la mano
del cuervo que se devora la valía.
Esta vez nos callamos,
sin perder la memoria.
Todo nos une y nos trasciende.
Sólo presente puedo darte.
La espuma sube por la cañada.
El carcelero derribó mi tienda,
Pero nunca me vio.
Ahora soy forastero
Y cuento estrellas
cuando duermo.
El universo es mi morada.
Ya se anuncia el otoño
en el poniente.
Princesita de oriente:
Aquí la gente muere
sin saber abrazar.