danie
solo un pensamiento...
En las noches me dabas tu amargo beso.
Ese que sabía a anticonceptivo y pérdida,
hojitas de afeitar oxidadas, viruta de smog
y dentífrico rancio.
Como siempre lo guardaba entre mis labios
y me dormía envenenando la almohada.
Luego, en la mañana, cuando tú ya no estabas,
sometía mi silencio al vigor
del cepillo de dientes eléctrico.
La sangre abundaba, pero el dolor
ya dejaba de saber a muerte.
Lo más penoso eran las llagas de la boca
que “gritaban” al rojo vivo
los escombros ocultos en las sábanas.
Finalmente, me lavaba la cara, hacía gárgaras con lejía
y escupía en el lavamanos un pedazo de tu cadáver,
el que quedaba entre la piel seca de mis labios.
Así hice todos los días,
durante un año,
hasta que no quedó nada de ti.
…
Octubre 2017
Ese que sabía a anticonceptivo y pérdida,
hojitas de afeitar oxidadas, viruta de smog
y dentífrico rancio.
Como siempre lo guardaba entre mis labios
y me dormía envenenando la almohada.
Luego, en la mañana, cuando tú ya no estabas,
sometía mi silencio al vigor
del cepillo de dientes eléctrico.
La sangre abundaba, pero el dolor
ya dejaba de saber a muerte.
Lo más penoso eran las llagas de la boca
que “gritaban” al rojo vivo
los escombros ocultos en las sábanas.
Finalmente, me lavaba la cara, hacía gárgaras con lejía
y escupía en el lavamanos un pedazo de tu cadáver,
el que quedaba entre la piel seca de mis labios.
Así hice todos los días,
durante un año,
hasta que no quedó nada de ti.
…
Octubre 2017