Posiblemente no recuerdes qué es la primavera.

Esa imagen de "cuando me bajo los pantalones/ en casa,/en el lugar que a todos nos iguala" es de lo más realista, y si me apuras acertadamente filosófico que existe.
Y bueno, seguimos con mascarilla, pero menos :), y que sigan floreciendo las baldosas, que para eso están. Un placer regresar a tu realismo poético, Alonso.
Abrazos, amigo.
 
Posiblemente no recuerdes
cómo huelen los campos a azahar por la mañana.
Es primavera en mi memoria y,
desde esta madrugada, en el resto del mundo.
Buenos días primavera,
aunque tenga que llegar a ti
en un coche compartido, con mascarilla y guardando
una prudencial distancia
con los elementos que nos son ajenos.
Sin querer me siento un privilegiado;
ya trabajar es tan solo una excusa.
Vuelvo del campo antes de que el sol se ponga y
cuando me bajo los pantalones,
en casa,
en el lugar que a todos nos iguala,
se me llenan las baldosas de flores.
Con bozal y todo hay que cagar compañero. Y cagar en todos los malos sentidos :D

No sé porque carajo no leí antes tu poema; si de verdad está muy bueno.


Un abrazo Alonso.
 
Debemos ser agradecidos porque aquí seguimos a pesar de la terrible situación. Llega la primavera con sus aromas inconfundibles como el de las flores del naranjo y los trinos de las aves. Hermoso poema. Cuídate mucho. Saludos cordiales.
Muchas gracias, compañera viajera, aunque aún siguen los caminos limitados, pero no tanto como hace unos meses.

Va mi agradecimiento por delante; por seguir en el trayecto y por tu visita a estos parajes que intentaron mostrar una realidad.

Un gran abrazo, Lou, a la vuelta del trabajo.
 
Que bonita manera de describir el regreso a casa, poeta Vicent. Un gusto leerte. Saludos y espero esté muy bien.
Nada como volver a casa después de una jornada de trabajo; una cervecita con el bidet de mesa y a prepararse para una buena cena (que yo preparo para dos) para llegar a la cama que es descanso de guerreros y guerreras... y mañana será otro día.

Un abrazote, Azalea, de noviembre y con cariño.
 
Esa imagen de "cuando me bajo los pantalones/ en casa,/en el lugar que a todos nos iguala" es de lo más realista, y si me apuras acertadamente filosófico que existe.
Y bueno, seguimos con mascarilla, pero menos :), y que sigan floreciendo las baldosas, que para eso están. Un placer regresar a tu realismo poético, Alonso.
Abrazos, amigo.
Hola, Luis. Volvemos a la memoria de primaveras pasadas. Ahora no hay flores en los campos de naranjos, pero cuando te bajas los pantalones, en la salita que nos iguala, las baldosas muestran hojas y palitos que no se cómo pudieron llegar a tan íntimos habitáculos.

Un gran abrazo, Luis, de parte de este jornalero que no saldría de casa ni para ir a trabajar, je je.
 
Con bozal y todo hay que cagar compañero. Y cagar en todos los malos sentidos :D

No sé porque carajo no leí antes tu poema; si de verdad está muy bueno.


Un abrazo Alonso.
Je, je, al fin y al cabo somos humanos, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva, y no me refiero a las necesidades fisiológicas.

Perdido tenía este poema y, aunque los campos me reclamen un nuevo otoño, espero nuevas flores primaverales para el final de campaña... luego vacaciones.

Un abrazo, Danie, ya sin mascarillas por estos lares.
 

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