El regreso de Alfonsina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo un alma contenta, un alma niña,
la ötra se vistió de torpe sombra,
la üna ante la nada se encariña,
la ötra ya ni vive ni se asombra.
Tengo un alma de vuelo de anduriña,
¡ay, la ötra!, la ötra, malasombra,
me vela con su manto de morriña
y acalla el entusiasmo que me nombra.
Dos rumbos, dos mitades, ¿qué camino?
La duda, ante el paisaje aquel que fuera
tan solo placidez de unión primera,
ahora desazón de peregrino.
Mas no descansaré hasta que me muera
¡que mi alma sabe bien de su quimera!
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