Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Demasiado casual, aunque era cierto,
pero él estaba allí, justo a su lado,
fiel reencarnación de su pasado.
Era el mismo zagal, era su Alberto.
Era suyo ese mozo tan despierto
y nunca lo negó ni lo ha olvidado,
sujeto principal de lo rezado,
sin apenas pensar que hubiera muerto.
Dos maletas tan viejas como usadas
repletas de fracasos y descartes
y sus mil ilusiones no alcanzadas.
Eran todo su haber, sus malas artes.
Mas, ella lo esperaba complaciente
sin preguntas molestas…y sonriente.
pero él estaba allí, justo a su lado,
fiel reencarnación de su pasado.
Era el mismo zagal, era su Alberto.
Era suyo ese mozo tan despierto
y nunca lo negó ni lo ha olvidado,
sujeto principal de lo rezado,
sin apenas pensar que hubiera muerto.
Dos maletas tan viejas como usadas
repletas de fracasos y descartes
y sus mil ilusiones no alcanzadas.
Eran todo su haber, sus malas artes.
Mas, ella lo esperaba complaciente
sin preguntas molestas…y sonriente.