danie
solo un pensamiento...
“entre con precaución, puede herir su sensibilidad”
Aquellos últimos años…
de morfinómanas mañanas,
“hedor a yuyo fresquito oriundo del mate”
para mí fue el paraíso y lo defendía a muerte
como un pastor pedófilo
sermoneando hasta el hartazgo a sus ingenuos borregos.
Sí, es que tú fuiste mi borrega preferida, mi fiel borreguita
que con devoción practicabas las enseñanzas del dogma.
Más cuando te arrodillabas y, sin importar si mi bragueta
te doblaba la edad, la acariciabas con tus labios de rezo.
El paraíso también lo fue tu corpiño
de talla amplia
colgando de este viejo ventanal.
Ay, cuántos recuerdos mugrosos como forúnculos con ganas
de ser reventados, para solo sentir el placer de expeler el pus
mientras aprieto el falo semental del cielo entre los dientes.
A veces me gustaría derrumbar las paredes de este viejo caserón
a ver si todavía te escondes dentro de sus muros.
Pero sé que estás ahí en sueños, pesadillas,
siestas bajo la sombra de una borrachera
ahondando en mi velludo pecho, en este colchón del miedo.
¿Quién no conoce el placer de morder la jugosa manzana
y mientras más prohibida aún mejor?
Por eso hablo del miedo también…
Mientras nos escondíamos borrando todas las señales
muy en lo íntimo de nuestro sexo
ansiábamos ser pillados para, de una vez por todas, no morirnos
como simples ahogados sin identificación.
Sabías que nunca me salió algo muy romántico,
pero creo que te gustaba pensar que las golondrinas
eran solo cuervos disfrazados
esperando clavar sus picos con la furia de mil bestias aladas,
ahí, muy adentro de tu vientre.
Sí, te gustaba… porque siempre me decías “es hora de matar mariposas”,
“es hora de flagelar a esas putas”.
Aquellos últimos años…
donde la enfermedad; mi podrida enfermedad
me consumió hasta la desecha médula.
Lo cierto es que los años se van para ya no volver
y solo nos dejan la belleza contraria, lo que otros no creen bello
como un estigma del presente, una herida abierta,
un poco más de aquel festín de dulce mierda para las moscas;
así recordamos como miserables que somos
que siempre vamos a volver a caer
y nos vamos a ver en el piso lejos de ese paraíso/ infierno insólito
con los ojos irritados
por los que algunos, hombres muy sanos, llaman locura.
Última edición: