nelson majerczyk
Poeta adicto al portal
Cuando sonó el celular supe que era por ella,
nadie te llama a las 4:30 de la madrugada si no es por
algo terminal, catastrófico.
Quizás un Banco por alguna cuota de la hipoteca que no has pagado, desde Bogotá , o Almería
con voz melosa reclamado lo suyo , pero no lo creo, son demasiado listos para molestar a tal hora.
Hay cierta piedad en este puto mundo, verdad ? (estúpido juego de escondidas) con voces que reconoces al instante.
_Jorge , ella ya se fue (voz de mi hermana).
_Murió?
_Ya murió?
_Porqué sos tan bestia Jorge, si ya!!!
Le colgué con furia porque lo sabía.
La había visitado hacía unos días y ya no estaba, me miró desde la cama
donde agonizaba haciendo un débil gesto con sus mano que no interpreté.
Moría se iba, se despedía, yo que mierda sé.!!!
Mientras preparaba la partida comenzó en mi cabeza a revolverse un mosaico de
escenas y sensaciones .N0 ME ACORDABA DE SU CARA!!!!
Carajo como era, no me podía acordar y se me retorcía la panza de dolor y verguenza.
Tomé la BR 319, salté dos semáforos en rojo, puse un C.D de Mozart y comí carretera.
El porro de la madrugada me ayudaba .
Armaba el rompecabezas; ella viuda viviendo con mi hermana y mi cuñado en el campo,
callada , humilde, vengativa , trabajadora, abuela odiosa y contenedora.
Igual con nosotros, retrocediendo ,concediendo.
Las veces , pocas en la que estuve con ella me pidó ,me rogó que la llevara a vivir conmigo
a la ciudad, no la oía, nunca le contesté.
Cinco veces repetí a Mozart, ya ni lo escuchaba.
Pero al llegar al campo aún no recordaba su cara y me dolía.
La mía y la de ella.
Quise ver su cuarto antes de irme, entré, silencio y austeridad
una cama de hierro perfectamente tendida, consabida mesita de luz, medicamentos
alineados ,un vaso de agua lleno, estampitas de santos en poses idiotas y un crucifijo de peltre
presidiendo su alma.
Sentado en la camita vi sus zapatillas que asomaban tímidas debajo, las tomé juntas, eran las de siempre, calzaron sus pies por años, agachado vi una valija de cuero, con cierto esfuerzo la reconocí,
con ella había emprendido su único viaje con papá. tenía un pegote que decía algo así como
Baires, Arg. El ropero que presidía la habitación (pesado. de buena madera estilo Provenzal)
era lo único que desentonaba en el cuarto, abrí sus puertas y estaba vacío, nunca había colgado su ropa. Una caja vacía sin alma, sin su olor, su mezcla de perfumes.
Nunca estuvo, todo estaba como ella debajo de la cama.
Siempre en espera, nunca acudí.
Después del entierro mi cuñado ese hijo de puta que un día me
dijo "Pero tu madre come" y yo pensé en matarlo, y retrocedí y concedí
como ella, como siempre ; se me acercó con voz engolada quiso decirme
algo, pero me adelanté y le contesté con cierto temor y furia
"Pedazo de bestia, ya no come mas verdad..."
Una miseria la mía.
Sin despedirme tomé la valija la cargué en la cajuela del auto mientras las hamacas
de sus nietos se bamoleaban entrecruzando hierros por el viento. Así solas en el jardín.
Un día miserable.
En el recodo del camino de retorno cerca de un puerto de montaña, bajé del coche a fumar,
se me ocurrió que tenía que abrir la valija y desparramar su ropa al viento, que se fuera de
esa manera; pero no lo hice.
En toda la vuelta sin Mozart, vengada la ofensa: pero nunca
me acordé de la cara de mi madre.
Debajo de mi cama yace la valija y sus zapatillas, descansa ya en mi casa.
Esta noche, quizás en la madrugada me llame el de la funeraria
para recordarme la factura.
nadie te llama a las 4:30 de la madrugada si no es por
algo terminal, catastrófico.
Quizás un Banco por alguna cuota de la hipoteca que no has pagado, desde Bogotá , o Almería
con voz melosa reclamado lo suyo , pero no lo creo, son demasiado listos para molestar a tal hora.
Hay cierta piedad en este puto mundo, verdad ? (estúpido juego de escondidas) con voces que reconoces al instante.
_Jorge , ella ya se fue (voz de mi hermana).
_Murió?
_Ya murió?
_Porqué sos tan bestia Jorge, si ya!!!
Le colgué con furia porque lo sabía.
La había visitado hacía unos días y ya no estaba, me miró desde la cama
donde agonizaba haciendo un débil gesto con sus mano que no interpreté.
Moría se iba, se despedía, yo que mierda sé.!!!
Mientras preparaba la partida comenzó en mi cabeza a revolverse un mosaico de
escenas y sensaciones .N0 ME ACORDABA DE SU CARA!!!!
Carajo como era, no me podía acordar y se me retorcía la panza de dolor y verguenza.
Tomé la BR 319, salté dos semáforos en rojo, puse un C.D de Mozart y comí carretera.
El porro de la madrugada me ayudaba .
Armaba el rompecabezas; ella viuda viviendo con mi hermana y mi cuñado en el campo,
callada , humilde, vengativa , trabajadora, abuela odiosa y contenedora.
Igual con nosotros, retrocediendo ,concediendo.
Las veces , pocas en la que estuve con ella me pidó ,me rogó que la llevara a vivir conmigo
a la ciudad, no la oía, nunca le contesté.
Cinco veces repetí a Mozart, ya ni lo escuchaba.
Pero al llegar al campo aún no recordaba su cara y me dolía.
La mía y la de ella.
Quise ver su cuarto antes de irme, entré, silencio y austeridad
una cama de hierro perfectamente tendida, consabida mesita de luz, medicamentos
alineados ,un vaso de agua lleno, estampitas de santos en poses idiotas y un crucifijo de peltre
presidiendo su alma.
Sentado en la camita vi sus zapatillas que asomaban tímidas debajo, las tomé juntas, eran las de siempre, calzaron sus pies por años, agachado vi una valija de cuero, con cierto esfuerzo la reconocí,
con ella había emprendido su único viaje con papá. tenía un pegote que decía algo así como
Baires, Arg. El ropero que presidía la habitación (pesado. de buena madera estilo Provenzal)
era lo único que desentonaba en el cuarto, abrí sus puertas y estaba vacío, nunca había colgado su ropa. Una caja vacía sin alma, sin su olor, su mezcla de perfumes.
Nunca estuvo, todo estaba como ella debajo de la cama.
Siempre en espera, nunca acudí.
Después del entierro mi cuñado ese hijo de puta que un día me
dijo "Pero tu madre come" y yo pensé en matarlo, y retrocedí y concedí
como ella, como siempre ; se me acercó con voz engolada quiso decirme
algo, pero me adelanté y le contesté con cierto temor y furia
"Pedazo de bestia, ya no come mas verdad..."
Una miseria la mía.
Sin despedirme tomé la valija la cargué en la cajuela del auto mientras las hamacas
de sus nietos se bamoleaban entrecruzando hierros por el viento. Así solas en el jardín.
Un día miserable.
En el recodo del camino de retorno cerca de un puerto de montaña, bajé del coche a fumar,
se me ocurrió que tenía que abrir la valija y desparramar su ropa al viento, que se fuera de
esa manera; pero no lo hice.
En toda la vuelta sin Mozart, vengada la ofensa: pero nunca
me acordé de la cara de mi madre.
Debajo de mi cama yace la valija y sus zapatillas, descansa ya en mi casa.
Esta noche, quizás en la madrugada me llame el de la funeraria
para recordarme la factura.
Última edición: