Regocijo de tardes
en que creo,
que está cerca ese aliento
de mi tango.
Mientras que el ceibo baila
con la diáfana brisa,
que pregunta y pregunta,
y el banquillo es el mío.
¿Qué faltará cortar para marcharnos?
¿Qué faltará dejar para tenernos?
Mientras el mundo hurga en mi equipaje,
para encontrar quizás,
algunos cofres
que alberguen sus metales.
Buscan trocar mis sueños por billetes,
por alambres...
¡Yo no quiero un dios en el bolsillo!
¡Ni cegarme ante el hambre del hermano!
¡Ni desistir de tu sonrisa!
¡Yo no quiero una llovizna más
sin tu caricia!
Sin tu pelo en mis dedos.
Y el verbo sabe
que no estoy donde quisiera,
o quizás deba decir,
donde debiera.
Es cierto que desconozco
el paradero.
¿Hacia dónde irán entonces
las gaviotas en mi soledad?
Y sólo debo partir hacia la fuente.
Creyendo que estas cerca,
quizás donde siempre estuviste
y estuvimos.
Sé que estás más acá
de la fiesta durmiente.
Sé que estás más acá
del endiosado corzo de los muertos.
Sé que estás más acá.
Sé que estás.
Regocijo de tardes
en que creo,
que está cerca tu aliento
de mi tango.
en que creo,
que está cerca ese aliento
de mi tango.
Mientras que el ceibo baila
con la diáfana brisa,
que pregunta y pregunta,
y el banquillo es el mío.
¿Qué faltará cortar para marcharnos?
¿Qué faltará dejar para tenernos?
Mientras el mundo hurga en mi equipaje,
para encontrar quizás,
algunos cofres
que alberguen sus metales.
Buscan trocar mis sueños por billetes,
por alambres...
¡Yo no quiero un dios en el bolsillo!
¡Ni cegarme ante el hambre del hermano!
¡Ni desistir de tu sonrisa!
¡Yo no quiero una llovizna más
sin tu caricia!
Sin tu pelo en mis dedos.
Y el verbo sabe
que no estoy donde quisiera,
o quizás deba decir,
donde debiera.
Es cierto que desconozco
el paradero.
¿Hacia dónde irán entonces
las gaviotas en mi soledad?
Y sólo debo partir hacia la fuente.
Creyendo que estas cerca,
quizás donde siempre estuviste
y estuvimos.
Sé que estás más acá
de la fiesta durmiente.
Sé que estás más acá
del endiosado corzo de los muertos.
Sé que estás más acá.
Sé que estás.
Regocijo de tardes
en que creo,
que está cerca tu aliento
de mi tango.
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