Finamente,
latente
en el recuerdo.
Me acuerdo
de tu boca,
graciosa,
en llamarada.
Cascada
en carcajada,
derramando sonrisas,
en medio
de la cena.
Y la pena
que se apena,
en los rostros ajenos.
Y toda esa ternura,
de tu boca
y su boca,
risotadas
flamantes,
que provocan
y evocan
al amor impoluto.
El luto,
de los años
que se fueron,
y algunos atesoran.
Cadáveres vacíos,
clavados a sus cruces,
recitando condenas.
Cadenas que sujetan
sus muros,
a las piedras
del oscuro pasado.
La clara fantasía,
resonante
de goce.
El rose de miradas,
que no miran al piso.
Y defienden su tiempo,
con todo lo que tienen,
con todo lo que cargan,
valor y compromiso.
Brillantes
diamantes
de alegría.
Se toman
de las manos,
y envuelven
sus cinturas.
La cura
que depura,
con dulzura,
a toda esa tristeza
del tiempo del olvido.
Lo escondido,
que revienta
los techos
de lo ido,
que se pasa
de página,
y se cambia de acera
porque el amor lo quiso.
Simpleza verdadera,
de las que ahora se aman,
sin mirar al costado,
y no piden permiso.
latente
en el recuerdo.
Me acuerdo
de tu boca,
graciosa,
en llamarada.
Cascada
en carcajada,
derramando sonrisas,
en medio
de la cena.
Y la pena
que se apena,
en los rostros ajenos.
Y toda esa ternura,
de tu boca
y su boca,
risotadas
flamantes,
que provocan
y evocan
al amor impoluto.
El luto,
de los años
que se fueron,
y algunos atesoran.
Cadáveres vacíos,
clavados a sus cruces,
recitando condenas.
Cadenas que sujetan
sus muros,
a las piedras
del oscuro pasado.
La clara fantasía,
resonante
de goce.
El rose de miradas,
que no miran al piso.
Y defienden su tiempo,
con todo lo que tienen,
con todo lo que cargan,
valor y compromiso.
Brillantes
diamantes
de alegría.
Se toman
de las manos,
y envuelven
sus cinturas.
La cura
que depura,
con dulzura,
a toda esa tristeza
del tiempo del olvido.
Lo escondido,
que revienta
los techos
de lo ido,
que se pasa
de página,
y se cambia de acera
porque el amor lo quiso.
Simpleza verdadera,
de las que ahora se aman,
sin mirar al costado,
y no piden permiso.
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