Caricia de la noche

Luis Prieto

Moderador Global
Miembro del equipo
Moderador Global


Le cantaba el aliento a la noche,
fuera, detrás de los cristales.
El aliento cantaba a su aroma
y fue, como una llama quemando mis huesos
y que abrasándose,
mi alma resucitaba.
Era tan denso, tan palpable,
que podía vivir en su cuerpo
sin temor a lo que yo más deseaba.
Todo acudía en la voz
del gran silencio de la noche,
por las calles, por las sombras, por el cielo,
hasta que su nombre
acariciaba mis labios.
Busqué detrás de los cristales,
fuera, no había formas
y me quedé como siempre,
sentado junto al recuerdo
mientras ella, era la brisa.

 

Le cantaba el aliento a la noche,
fuera, detrás de los cristales.
El aliento cantaba a su aroma
y fue, como una llama quemando mis huesos
y que abrasándose,
mi alma resucitaba.
Era tan denso, tan palpable,
que podía vivir en su cuerpo
sin temor a lo que yo más deseaba.
Todo acudía en la voz
del gran silencio de la noche,
por las calles, por las sombras, por el cielo,
hasta que su nombre
acariciaba mis labios.
Busqué detrás de los cristales,
fuera, no había formas
y me quedé como siempre,
sentado junto al recuerdo
mientras ella, era la brisa.

¡Profunda y bella nostalgia emanan tus letras! Evocadoras pinceladas que vienen, se van y suspiran ¡y es ella quién con su presencia se vaporiza al exterior desde el profundo sentir! Hermoso.
Un abrazo querido amigo Luis Prieto desde mi corazón. Tu siempre amigo,

Anthua62
 
Última edición:
Y así pasaba como suave brisa acariciador en la memoria...Delicado poema nos compartes, amigo Luis.

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Le cantaba el aliento a la noche,
fuera, detrás de los cristales.
El aliento cantaba a su aroma
y fue, como una llama quemando mis huesos
y que abrasándose,
mi alma resucitaba.
Era tan denso, tan palpable,
que podía vivir en su cuerpo
sin temor a lo que yo más deseaba.
Todo acudía en la voz
del gran silencio de la noche,
por las calles, por las sombras, por el cielo,
hasta que su nombre
acariciaba mis labios.
Busqué detrás de los cristales,
fuera, no había formas
y me quedé como siempre,
sentado junto al recuerdo
mientras ella, era la brisa.
Buenísimo Luis!
Aplausos.
 

Le cantaba el aliento a la noche,
fuera, detrás de los cristales.
El aliento cantaba a su aroma
y fue, como una llama quemando mis huesos
y que abrasándose,
mi alma resucitaba.
Era tan denso, tan palpable,
que podía vivir en su cuerpo
sin temor a lo que yo más deseaba.
Todo acudía en la voz
del gran silencio de la noche,
por las calles, por las sombras, por el cielo,
hasta que su nombre
acariciaba mis labios.
Busqué detrás de los cristales,
fuera, no había formas
y me quedé como siempre,
sentado junto al recuerdo
mientras ella, era la brisa.
Bellas y sensitivas letras dejas aquí. Muy grata la lectura. Un abrazo poeta
 

Le cantaba el aliento a la noche,
fuera, detrás de los cristales.
El aliento cantaba a su aroma
y fue, como una llama quemando mis huesos
y que abrasándose,
mi alma resucitaba.
Era tan denso, tan palpable,
que podía vivir en su cuerpo
sin temor a lo que yo más deseaba.
Todo acudía en la voz
del gran silencio de la noche,
por las calles, por las sombras, por el cielo,
hasta que su nombre
acariciaba mis labios.
Busqué detrás de los cristales,
fuera, no había formas
y me quedé como siempre,
sentado junto al recuerdo
mientras ella, era la brisa.
Delicado y suave el beso de la brisa. Un abrazo
 
¡Profunda y bella nostalgia emanan tus letras! Evocador as pinceladas que vienen, se van y suspiran ¡y es ella quién con su presencia se vaporiza al exterior desde el profundo sentir! Hermoso.
Un abrazo querido amigo Luis Prieto desde mi corazón. Tu siempre amigo,

Anthua62

Muchas gracias estimado amigo por tu presencia con tan gratas palabras. Celebro que haya sido de tu agrado.
Vaya este abrazo fraterno mis mejores deseos.
 

Le cantaba el aliento a la noche,
fuera, detrás de los cristales.
El aliento cantaba a su aroma
y fue, como una llama quemando mis huesos
y que abrasándose,
mi alma resucitaba.
Era tan denso, tan palpable,
que podía vivir en su cuerpo
sin temor a lo que yo más deseaba.
Todo acudía en la voz
del gran silencio de la noche,
por las calles, por las sombras, por el cielo,
hasta que su nombre
acariciaba mis labios.
Busqué detrás de los cristales,
fuera, no había formas
y me quedé como siempre,
sentado junto al recuerdo
mientras ella, era la brisa.
Hermoso poema. Un placer leerte.
 

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