danie
solo un pensamiento...
Llevamos a cuesta el filo,
la incertidumbre, sujeta a un bozal esterilizado,
que nos cercena la garganta.
Las palabras se vuelven silencio
y nos dejan oír el balbuceo del dolor.
Andamos
remendando olvidos
con mucha memoria impregnada en la sangre (pero
lo hacemos lentamente para que no nos oigan).
Lavamos la tristeza
junto con las sábanas blancas
que envuelven la historia
y la colgamos de la ventana
para que se sequen
y queden listas para seguir usándolas.
Nos despojamos de las voces
para ocultarnos de la verdad.
Una y otra vez
mudamos la piel de oveja
ante los colmillos del lobo.
Y sobre todo
no nos miramos a los ojos,
no nos besamos ni abrazamos; tal vez
porque pensamos que así
revocamos la ausencia heredada.
Sin darnos cuenta, sin que nadie lo note,
lustramos el bronce de nuestras lápidas;
es lo único que nos importa
dejar con brillo en la posteridad.
la incertidumbre, sujeta a un bozal esterilizado,
que nos cercena la garganta.
Las palabras se vuelven silencio
y nos dejan oír el balbuceo del dolor.
Andamos
remendando olvidos
con mucha memoria impregnada en la sangre (pero
lo hacemos lentamente para que no nos oigan).
Lavamos la tristeza
junto con las sábanas blancas
que envuelven la historia
y la colgamos de la ventana
para que se sequen
y queden listas para seguir usándolas.
Nos despojamos de las voces
para ocultarnos de la verdad.
Una y otra vez
mudamos la piel de oveja
ante los colmillos del lobo.
Y sobre todo
no nos miramos a los ojos,
no nos besamos ni abrazamos; tal vez
porque pensamos que así
revocamos la ausencia heredada.
Sin darnos cuenta, sin que nadie lo note,
lustramos el bronce de nuestras lápidas;
es lo único que nos importa
dejar con brillo en la posteridad.